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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Los tres peregrinos en la silva curiosa

 
 
 
Es Julio (o Julián) de Medrano uno de los escritores olvidados de la literatura española que tocó el tema fantástico, en su caso en fechas tan tempranas como el 1583. Este es el año de la publicación en París de su libro Silva curiosa de Julián de Medrano, cavallero navarro: en que se tratan diversas cosas sotilíssimas, y curiosas, mui convenientes para Damas, y Cavalleros, en toda conversatión virtuosa, y honesta. Dirigida a la muy Alta y Sereníssima Reyna de Navarra su señora. Por los datos que da en sus obras se supone que era un caballero navarro expatriado en la corte de Margarita de Valois.

Su libro pertenece al género de la miscelánea, y es auténtico cajón de sastre en donde se agrupan refranes, chistes, poemas (en varios idiomas) y textos narrativos de cierta extensión, con pretensiones autobiográficas.

Es al final de libro donde se encuentra la historia de los tres peregrinos al Santiago. Los protagonistas son el narrador en primera persona, que se identifica con el autor; y otros dos peregrinos, un francés  y un alemán.  Como en el caso del texto autobiográfico de Torres Villarroel ya comentado (única entrada bajo la etiqueta Siglo XVIII) el relato se presenta con pretensiones de veracidad, aunque la verdad que desafía la credulidad más cándida, mucho más que el relato del astrólogo salmantino.

Para mi ha sido una sorpresa encontrarme un texto de esta calidad y antigüedad cuyo nucleo argumental gira en torno a una maldición de ultratumba y a la magia negra en sus más variadas formas.

El escenario principal es una perdida ermita, en las cercanias del Puerto de mala ventura, (nombre por el cual ya no es posible reconocer ningún lugar en la actualidad) en Asturias, en zona boscosa habitada por campesinos ignorantes y belicosos. En la ermita nuestros tres peregrinos va a encontrar a los otros dos actores principales del drama: un bondadoso ermitaño, y su fámulo, un enano giboso de largas barbas y malas intenciones, ducho en las artes ocultas. Este criado es sin duda el personaje que aporta la sal y la pimienta al relato, siendo un auténtico catalizador de las varias peripecias que van a aquejar a nuestros valientes héroes.

El relato fluye fácil, narrado sin primores ni retóricas, lo cual es de agradecer; su decurso se interrumpe por breves relatos intercalados, algunos interesantes, otros quizás no tanto, pero siempre relativos al tema o a los personajes; le perdonaremos sus excursiones a nuestro navarro si recordamos que veinte años después Cervantes incurrió en el mismo defecto en la primera parte de su obra magna.

La imaginación de Medrano es magnífica; o bien sabía mucho de hechicería, lo cual también es posible. En cualquier caso, es un relato insólito, un ejemplo magnífico de que tesoros puede encerrar la literatura española en sus esquinas más recónditas.

Es posible leerlo en internet.  En concreto aquí: http://archive.org/details/lasilvacuriosa00osungoog
La Universidad de Michigan conserva un libro del siglo XIX español: el tomo X del "Refranero General Español" de José María Sbarbi en donde se incorpora como único contenido del volumen la "Silva curiosa", por su importancia lexicográfica.

El relato comienza en la página 188 del volumen de Sbarbi; ahí donde dice: "Pues que hemos entrado tan adelante en la tierra y discurso del reino de Galicia..." Ahí comienzan las aventuras del cuitado alemán (una aparición más del eterno tema faústico) y el malvado, aunque a la vez cariñoso, jorobado nigromante.



El peregrino a Santiago como símbolo esotérico de búsqueda de la iluminación.
Grabado algo más antiguo, en unos cien años, que el relato que nos ocupa.


domingo, 26 de febrero de 2012

La beata del callejón


Escrito por Artemio del Valle-Arizpe. Es uno de los cuentos contenidos en su libro de relatos "Historias de vivos y  muertos" publicado en 1936. Lo tengo en una edición española de ese mismo año, de la editorial "Biblioteca Nueva" de Madrid.

Era Don Artemio un hidalgo caballero... Así se me aparece como adecuado comenzar esta reseña. Este interesante escritor mexicano, cronista de su capital, vivió para el pasado, y en cierto grado, y en la medida que es posible, escogió vivir en un México anterior a su nacimiento. Así de los pasados de su nación escogió el largo periodo virreinal para ubicar temporalmente sus preciosos cuentos, estampas primorosas del antaño. Rebuscó en los viejos libros y vistió capa española, como se usaba. Su capacidad de evocación es formidable. Don Artemio, como se dijo también  del gran historiador francés Lenotre, "veía" el pasado. Su prosa es jugosa y trufada de vocablos arcaicos; su fraseo, de otros tiempos, muestra a las claras la influencia de la gran prosa clásica castellana.

Nuestro escritor amaba lo sobrenatural. En primer lugar lo sobrenatural cristiano. Sus relatos, no solo en el volumen que nos ocupa, sino también en el otro que conozco, "Cuentos del México antiguo", están plagados de milagros. Sus milagros son de una plasticidad asombrosa; son milagros que se ven, que se huelen, que se sienten, y en la mayoría de los casos, no siempre, provocan el horror a alguno de los personajes. La voluntad de Dios como fuente de terror.

Otras veces Don Artemio tocó temas tradicionales de la literatura fantástica, sea el fantasma o la sombra. En estos cuentos se nota más el defecto principal de Valle-Arizpe; una  falta de imaginación relativa, que le impidió, al menos en las varias decenas de cuentos que le he leído, no caer en cierta reiteración. Tiene algún relato soberbio y pleno de invención como "Las flores del pino", pero no es propiamente fantástico, sino milagrero. Lo que no se puede negar es su prodigiosa capacidad evocadora, de revivir los fantasmas del pasado de un modo casi sensorial.

El que nos ocupa es de sus mejores cuentos fantasmales, pues toma un personaje central del imaginario popular mexicano, la llorona, y lo traviste ligeramente, convirtiéndola en la "beata del callejón". El relato no presenta una trama absorbente, y en su sencillez, es casi un modelo del tipo básico de relato fantasmal, el que se ciñe y se limita al encuentro. Lo que lo hace que lo incluya en mi colección de relatos es  en primer lugar la extraordinaria imaginación visual que aquí se demuestra. La llorona beata de Valle-Arizpe es una presencia aterradora, pero que no parece tener ya  nada de humano. El lloro, el gemido es en esta nueva entidad un remedo obsceno emitido por alguien que ya no es alguien, sino algo. El más allá se ha convertido en esta soberbia descripción no en una simple indicación geográfica, "lo que hay más allá de la muerte" sino en algo ajeno, con el cual la comunicación es imposible.

Eso en el aspecto descriptivo o plástico si se quiere. En el plano de las ideas el escritor mexicano se manifiesta quizás en este relato menos pío y devoto que en otros. El dolor de la llorona, parece sugerir el autor, sería el dolor por una vida desperdiciada en una vida enclaustrada, de privaciones y sacrificios. Por cierto este sentimiento pavoroso de haber desperdiciado la vida se me ha contado al menos en dos ocasiones por personas del medio hospitalario que asalta con relativa frecuencia y lucidez desesperada a algunos moribundos.


La escultura funeraria que da lugar a que cierta tumba sita en en el panteón de Dolores, en Jerez, estado de Zacatecas, se llame popularmente "la tumba de la llorona".

miércoles, 10 de agosto de 2011

El hombre del caballo rucio


"Aquel inmenso valle se abre desde las vertientes orientales del Cofre de Perote hasta el Atlántico que, como una cinta azul celeste muy baja, forma en los días claros y serenos la última lontananza del cuadro"

Escrito por José María Roa Bárcena (1827-1908). Es uno de los relatos incluidos en "Noche al raso (manuscrito hallado entre papeles viejos)" (1870).

El tema de los fantasmas a caballo es de mucha tradición. En este relato Roa Bárcena traza lo más parecido a  "The Legend of Sleepy Hollow (1820)" con lo que me haya topado hasta ahora en las literaturas hispánicas. Ocurre en Veracruz, estado natal del autor, entre rancheros. Con cierta ingenuidad para el gusto moderno, sin llegar a la altura del gran cuento "Lanchitas" (ya comentado en esta misma bitácora"), "El hombre del caballo rucio" funciona como un eficaz cuento espectral que tiene dos buenas escenas: el anonadamiento de Don Encarnación por el fantasma del hidalgo y la persecución ecuestre del rucio fantasmal por el valeroso mallorquín y su équido "Enaguas blancas". (Es quizás curioso que en un relato tan enraizado en la realidad rural mexicana como este tanto el fantasma como su más corajudo perseguidor sean gachupines).

Lo he leído en "Relatos" de José María Roa Bárcena, Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1955, bonito ejemplar en rústica que contiene junto a "Noche al raso" y "Lanchitas" otros textos que no atañen al objeto de esta bitácora.


Don José María en borrosa foto de sus últimos tiempos, en apariencia. El escritor aprendió latín a partir de los sesenta años y se despidió del mundo y de la literatura con traducciones de los clásicos latinos, demostrando, con tal hazaña de la voluntad (aunque sin duda intervino también, poderoso, el principio del placer) lo que había demostrado otras veces; su condición de hombre de una pieza.

viernes, 8 de julio de 2011

La Granja Blanca




Escrito por Clemente Palma (1872-1946) en el año 1900, apareció por vez primera en "El Ateneo de Lima" con el título "¿Ensueño o realidad?"  Es uno de los "Cuentos malévolos" de 1904.


En segunda lectura este relato me ha interesado mucho más. Al principio me pareció un "totum revolutum" de temas filosóficos, esotéricos, todo presidido por un afán decadentista de escandalizar. Bien escrito, eso si, con una prosa músical, y de conformidad con el contenido narrativo, algo hinchada y desquiciada, pero siempre con la elegancia que se espera de un autor de la "Belle Epoque".

Al leerlo de nuevo me ha vuelto a entretener y le he empezado a ver más sentido al relato, sin desdeñar del todo el diagnóstico de que Don Clemente pecó aquí, de querer "meter la peste en un canuto", en el sentido de que la riqueza de temas del cuento hubiera requerido quizás de un tratamiento más largo, para no amontonar, como en una barraca de feria, la metempsícosis, el arte como sortilegio, la filosofía como delirio, el infanticidio, la necrofilia, el incesto y la piromanía.

Y sin embargo, el relato funciona. Es un desfile grotesco a paso lígero, si, pero  de indudable atractivo para aquellos que nos deleitamos con la literatura de lo sobrenatural, y lo preside, dando unidad al relato, la idea de un nihilismo cósmico. Si solo somos un sueño, todo está permitido. Así, el protagonista va a llegar a una ataraxia perversa que poco tiene que ver con la de Epicuro o los estoicos, sino que se basa en una concepción fantasmal del mundo.

No es por tanto un relato perfecto, pero es absorbente con todos sus defectos y se basa en una idea de gran alcance.

Leido en  "Penumbra, antología crítica del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX" antología de Lola López Martín para la editorial Lengua de Trapo.





miércoles, 1 de junio de 2011

La fuerza del desengaño



"La fuerza del desengaño". Escrito por Juan Pérez de Montalbán (1602-1638). Forma parte del libro "Sucesos y prodigios de amor" (1624). Modernamente está incluido en la antología "Literatura fantástica y de terror española del siglo XVII" a cargo de Joan Estruch.

De nuevo nos acercamos a islas desconocidas, en el piélago infinito de la literatura en castellano. En el siglo XVII, para la común opinión el siglo de oro de nuestra literatura hubo escritores de gran éxito sobre los que ha caído una capa, más o menos espesa, del olvido. Tenemos, entre otros, los nombres de Gonzalo de Céspedes y Meneses, de Cristobal Lozano, de Maria de Zayas y del autor que nos ocupa. Curiosamente parece ser que los une, aparte de la condición genérica de ser autores de relatos, la de no desdeñar los arquetipos de lo que luego se llamaría literatura de terror: la muerte, cadaveres que reviven, brujerías varias, el demonio... Después de leer este relato y "La historia del Capitán Céspedes" me pregunto si la habitual alergía de los estamentos culturales dominantes en España a todo lo que huela a fantasía en libertad no habrá ocultado que en la España imperial y barroca hubo una literatura próxima a lo que siglo y medio después ocurriría en Inglaterra: la novela gótica. Pero evidentemente hay que seguir leyendo a los autores mencionados y otros que pudieran aparecer antes de confirmar hipótesis tan atrevida.

"La fuerza del desengaño" es una "novela cortesana" expresión con la que se denomina lo que son en realidad cuentos de intriga amorosa, que en el caso de Pérez de Montalbán parece que muchas veces coquetearon con lo licencioso. Quizás su cargo de notario de la Inquisición le permitió evitar censuras; quizás la censura no era tan terrible como pensamos para los autores patrios. En este relato no hay nada explícito, como si pueda haber en "La lozana andaluza" de Francisco Delicado, pero la corrupción moral existe y se enuncia sin muchos ambages.

Es la historia de un triángulo amoroso entre un joven estudiante de Alcalá de Henares, Teodoro, aficionado a cometer "travesuras con la espada", que ama a la bella Narcisa, que le corresponde. El vértice perverso del triángulo, o así parece en un primer momento, es Valerio, rico pero nieto de judios conversos, o como dice más bellamente el autor, "aunque en la sangre pudiera tener más ventajas, con su mucha riqueza disimulaba esta falta". Con sutileza, nuestro escritor va lentamente enderezando la suerte de Valerio a lo largo del relato, mostrando así su simpatía por su criatura de ficción, que como él compartía la incomodidad social en la Castilla de aquellos años de no ser "castellano viejo".

Estamos hablando de un relato que se aproxima a los cuatrocientos años de antigüedad, y aún partiendo de un esquema convencional, el autor usa un estilo ágil y de fácil comprensión, incluso para nuestros días, y una considerable imaginación en los avatares de los personajes. El resultado es una prosa de considerable amenidad y un relato interesante. Pérez de Montalbán era un narrador de raza.

El relato consta de unas venticuatro páginas; solo en las últimas cuatro interrumpe lo sobrenatural, que cumple aquí una función de restitución del orden social que el protagonista ha puesto en peligro impulsado por su loca pasión. Pero esa finalidad moral de lo sobrenatural (de origen divino en uno de los casos y hechiceril en el otro) no debe ahuyentar al curioso lector: lo verdaderamente interesante es la forma en que se expresa lo sobrenatural. Con su gran instinto de escritor, el autor madrileño sabe que lo engolado, lo excesivo es enemigo del efecto inquietante; así que aquí lo macabro fantástico está narrado con sobriedad y eficacia. Dos escenarios nocturnos de considerable atmósfera ominosa aparecen en estas últimas y excelentes páginas: una casa de campo casi derruida y una iglesia solitaria iluminada si acaso por algún cirio aislado.

Lectura recomendada para los amantes de la literatura gótica. Pudiera haber una literatura gótica española "avant la lettre". Seguiremos informando.

viernes, 27 de mayo de 2011

La historia del Capitán Céspedes

Esta historia se encuentra en el libro "Literatura fantástica y de terror española del siglo XVII", antología de Joan Estruch publicada en el año 1982 por la editorial Fontamara de Barcelona.

Escrita por Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585?-1638). El relato apareció en el libro "Varia fortuna del soldado Píndaro" publicado en el 1626.

Lo que distingue este relato de otros muchos es que su protagonista es un personaje real,  Alonso de Céspedes, famoso soldado de la época del Emperador y de Felipe II que murió luchando contra la rebelión morisca. El Céspedes escritor ubica la historia pocos dias antes de su muerte, cuando se preparaba para la campaña en las Alpujarras "alojado en la ciudad [de Granada] con otros caballeros, [y] entretenía el tiempo [...] en ejercicios loables".

De este oficial se contaban historias numerosas relativas a sus fuerzas desmesuradas, auténticos "tall tales". Ahora bien, esa fuerza no va a valer de nada a Don Alonso cuando se enfrente a lo sobrenatural. El elemento espectral actúa en este relato, interesantemente, como castigo por un acto infame cometido anteriormente, pero también como premonición del final del protagonista. Hay rasgos en este relato que pudieran haber influido, sea directa o indirectamente, en la historia del endemoniado Pascheco, la más famosa historia de las que contiene el "Manuscrito encontrado en Zaragoza" de Jan Potocki. En cualquier caso, está narrado con sobriedad y eficacia.

La trama se emplaza en la ciudad de Granada, en concreto en el Albaicín, y más concretamente en las cercanías de la iglesia de San Cristobal erigida en 1501 y que todavía subsiste.

domingo, 3 de abril de 2011

La casa de los duendes


Es un fragmento escrito por Diego Torres de Villarroel (1694-1770), extraido de su autobiografía, titulada Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego de Torres y Villarroel, catedrático de prima de matemáticas en la Universidad de Salamanca, escrita por él mismo  (1742). Estamos hablando de una de las escenas más citadas de una de las autobiografías más importantes de la literatura española; es decir, un texto practicamente desconocido hoy en día.

¿Es esto literatura fantástica o la narración de un evento que ocurrió a Torres de Villarroel cuando intentó descubrir quien estaba detras de los ruidos y golpes que se oían en una casa encantada, a petición de la dueña, la condesa de Arcos? Pues depende de la credulidad del lector. El autor salmantino lo presenta como real, puesto que es parte de su autobiografía. Para mí, que ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor, que es mi sed de historias de lo maravilloso y lo sobrenatural, es solo un gran texto de lo fantástico al que quizás (o quizás no) acontezca la gracia de ser la pura verdad.

Como relato de fantasmas verosimil es un prodigio. Hay una mesura, una moderación en los fenómenos que ocurren, que ayuda a la suspensión de la incredulidad. Hay preciosos apuntes del natural, que si no fueron vividos, lo parecen mucho, como la aglomeración de criados aterrorizados durmiendo todos en el salón, pese a la incomodidad, con tal de no estar solos oyendo los ruidos fantasmales en sus estancias. La actuación de Torres de Villarroel durante los acontecimientos se presenta también llena de verosimiltud; armado de un espadón oxidado y quijotesco y también de la convicción de que ahí había "gato encerrado" al principio el astrólogo actúa serenamente, hasta caer luego en un terror abyecto narrado con rasgos de gran comicidad.

La casona de la condesa de Arcos se elevaba en algún lugar de la calle Fuencarral de esta villa y corte de Madrid; pero no he podido saber exactamente donde.

Este texto es también una muestra de castellano del barroco en su modalidad más sencilla y popular, más liberada de tropos y figuras retóricas varias, y más trufado de grandes hallazgos expresivos.

Se puede leer en la Vida, en concreto en su trozo tercero, o en la antología Valdemar de literatura fantástica española.



Los señores que (ahora sabemos) motivaron "la insoportable confusión y tumultuosa angustia" a la que se enfrentó valientemente nuestro astrólogo, llegando al final a la conclusión de que "la solicitud necia de tan escondido portento (...) ya no era buscar desengaño, sino desesperaciones".
Grabado de otro gran dieciochesco, Francisco de Goya.

sábado, 26 de marzo de 2011

Más allá de la muerte



Escrito por Noel Clarasó (1899-1985). Es uno de los cuentos de su libro "¡Miedo!" (1948).

Extraordinario cuento de fantasmas, clásico y sencillo en la forma, y de profundas implicaciones para quien quiera leer entre líneas. No entraré en el meollo del asunto con típicas interpretaciones de psicologismo barato para no arruinar el placer lector de quien quiera hacerlo. Se puede encontrar, aparte de en el libro al que pertenece, en la ya mencionada muchas veces "Antología española de literatura fantástica" de la editorial Valdemar.

Clarasó, que cultivó el humorismo como Fernández Flórez, parece ser que nunca introdujo el humor en sus cuentos de lo sobrenatural. Para él, lo sobrenatural literario debe aspirar a sobrecoger. Fernández Flórez siguió ese consejo en algunos casos (por ejemplo los dos cuentos suyos que ya he comentado) pero otras veces mezcló el horror y el humor. El autor catalán que nos ocupa tiene una visión más clásica del asunto. Aunque hay que decir que aquí lo que predomina es el sentimiento de tragedia, de lo sobrenatural como vehículo de lo inevitable.

El relato ocurre, aparte de un par de escenas en Barcelona, principalmente en la localidad leridana de Salardú. Sin embargo Clarasó prescinde de cualquier localismo, de cualquier expresión en aranés por ejemplo, y se limita a algunas breves referencias geográficas a la zona pirenaica en cuestión: Beciberri, Artíes. Hay un afán de pureza expositiva, de atemporalidad. El relato es original y potente, a la altura de los grandes cultivadores anglosajones del género. Si todos los cuentos de "Miedo" tienen esta calidad, o similar, el libro del Sr. Clarasó merecería una redición.


Por estos escenarios pirenaicos, y en esa época de las postales sepias, ocurren los sobrecogedores acontecimientos del relato de Noel Clarasó.

lunes, 21 de marzo de 2011

Lanchitas



Escrito por José María Roa Barcena (1827-1908). Publicado en 1878 en el libro del mismo título. Leído en la "Antología crítica  del cuento hispanoamericano del siglo XIX" de José Miguel Oviedo, Alianza Editorial, Madrid 1989.

Se puede leer aquí:
www.utpa.edu/faculty/jmmartinez/Cuentos/cueroalanchitas.pdf

Se le llamó el Poe mexicano, porque cultivó los temas de misterio y suspenso.

"Lanchitas" es un relato de lo sobrenatural, que parece basarse en una leyenda urbana que corría por la ciudad de México.
Narrado con prosa muy elegante, con indiscutible maestría, narra el sucedido que va a transformar al cura protagonista, Lanzas, de sacerdote ilustrado a "pobre de espíritu" y por lo tanto bienaventurado, según los Evangelios.
Es un relato de curiosa novedad. Siendo un relato de supuesto aparecido con presunta intervención divina corría por tanto el peligro de convertirse en mera crónica milagrera, pero el jalapeño evita, con sobriedad y sentido del misterio cualquier atisbo del empalago propio de cierta literatura hagiográfica de la época. La certidumbre de lo sobrenatural la proporciona un detalle de exquisita simplicidad: el encuentro con un pañuelo abandonado.

Surge en segunda y tercera lecturas varias ambiguedades: una, en conexión con lo anterior; el ámbito del milagro presenta una extraña pátina de sordidez, y en el sudodicho pañuelo no se encuentran precisamente las rosas de Juan Diego y la Virgen de Guadalupe. Lo que hay es el polvo de los siglos y de la muerte, así como el tufo a estancia clausurada durante años. Consideremos también la supuesta potencia angélica que sirve de cicerone al Padre Lanzas, a la que se describe como "una vieja miserablemente vestida".  Roa Barcena, hombre creyente y conservador, supo sin embargo, como artista genuino que era, mostrar el mundo cerrado y axfisiante del catolicismo en su manifestaciones más lóbregas

 Otra ambigüedad es sobre el efecto que lo divino tiene en el protagonista. Hay la lectura, sin duda la explícita en el relato, de que  Lanzas se convierte en Lanchitas y abandona cualquier pretensión de conocimiento y se sumerge en la acción caritativa. Pero se podría entender, y ahí algún apunte en el texto, que el golpe de lo sobrenatural es tan brutal que lo reduce a un bondadoso estado de simpleza, cercana al retraso mental. Lanchitas salvaría el alma, que quizás iba por mal camino en su vida de cura ilustrado, relajado y jugador, pero a costa de mostrar, en su vida terrenal posterior, "la huella de la garra de Dios", como dijo Baudelaire.


La plaza del Zócalo, en los años veinte o treinta del siglo XIX, que es cuando Roa Barcenas ubica su historia.
Enfrente del palacio  se encuentra el mercado del Parián, demolido en 1843.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La gabardina


Escrito por Max Aub (1903-1972). Publicado en su colección de relatos Ciertos cuentos, de 1955. Lo he leído en la Antología española de la literatura fantástica de la Editorial Valdemar.

Al poco de comenzar este relato vi que me volvía a enfrentar a esa historia de la mujer misteriosa que el protagonista encuentra en el baile, que parece ser parte del acervo mítico y macabro de muchas ciudades, y que en el caso de Madrid ya le diera elegante forma literaria Pedro de Répide (vease la tercera entrada de esta página, en el año 2010).

El relato de Don Pedro es superior en forma al de Aub. Sin embargo, este último supo dar un mayor calado humano a la historia. El argumento sobrenatural se conserva, pero es Arturo el protagonista sobre quien recae aquí el peso de la tragedia, de una tragedia más callada, en el fondo más triste que la historia original. Aub tejió sutilmente nuevos mimbres en la vieja leyenda urbana, hasta crear algo más humilde y cotidiano, que bien hubiera podido denominarse "la necrofilía del tímido". Como buen escritor de realismo psicológico Don Max nos proporciona suficientes antecedentes de la crianza de Arturo para entender mejor el melancólico culto que acaba siendo su vida.

Muchos, entre los que me encuentro, han creído en el origen madrileño de la historia, en  concreto en la supuesta experiencia de un diplomático extranjero en un baile de salón que tuvo lugar en la Villa y Corte, a mediados del XIX. Ahora bien, parece ser que una historia semejante existe en otras ciudades del mundo. Atribuirle su comienzo en Madrid sin más constataciones sería algo atrevido. Cuando lo que vemos aquí, en la historia de la mujer que está en el baile como si toda esa alegría ya no le perteneciera, creo yo que no es la creación de un mito a partir de un sucedido, sino un arquetipo,  un reverso irónico y macabro del motivo del "carpe diem", y finalmente un aviso a todos los bailarines, de diversas destrezas, sobre que algún día habrá un último vals, o incluso un último tango.

viernes, 4 de marzo de 2011

El amigo difunto



Escrito por Antonio de Torquemada (1507?-1569). Es un fragmento del libro "Jardín de flores curiosas" (Salmanca, 1570). Lo he leído en la "Antología española de literatura fantástica" de Alejo Martínez Martín, Editorial Valdemar.
Está disponible en la red, en la siguiente dirección:


Como la obra no está dividida en capítulos a la usanza moderna, simplemente teclear en el buscador del pdf  "Cumas" y en ese párrafo comienza el cuento.

El fragmento, como tal, no tiene título y el del amigo difunto es sin duda elección del antólogo de la edición Valdemar. Se le podría haber llamado perfectamente "fantasma sale del armario" o "lo siento, pero a mi me gustan las mujeres, y si me apuran, los seres vivos". Dentro de la tipología fantasmal, este ser frío que se desnuda, se introduce en la cama y pretende abrazar a su víctima, no deja de parecerme inusual. Parece expresar una clara intencionalidad sexual, para colmo de carácter homoerótico. A mi, hasta la referencia al pie del fantasma me parece sospechosa, una especie de simbolismo freudiano en que una parte del cuerpo sustituye a otra.



¿Señor Freud, señor Freud, cuantos símbolos fálicos hay en este grabado antiguo? Yo he contado multitud.

viernes, 25 de febrero de 2011

Fantasmas en La Isabela


Escrito por Bartolomé de las Casas (1484-1566) e incluído en su "Historia de las Indias" redactada a lo largo de la primera mitad del siglo XVI.  De nuevo debo al Sr. Tola de Habich el conocimiento de esta historia.
Para leerla en las propias palabras del dominico: http://tola-tola.blogspot.com/search/label/Caribe%20%281%29

Voy viendo que la prosa de los cronistas de la conquista de América tiende a la sequedad del esparto; este estilo, en combinación con el tema fantástico de estos breves relatos produce una curiosa tensión, para nuestro gusto moderno, entre lo que se narra y la sobriedad con que se hace. Debemos sin duda convocar a nuestra imaginación para crear un escenario de mayor detalle para lo narrado.
El momento histórico es cuando ya hay colonos en La Española, pero el primer asentamiento con vocación de permanencia que se hizo, La Isabela, ha quedado abandonado, ante lo insalubre de la vida allí. Quizás finales del XV o principios del XVI.
Para imaginar esta pequeña ciudad fantasma en medio de la lujuriante vegetación tropical, que mejor que recurrir a la misma obra. He aquí como Las Casas describe La isabela:
 La mejor de todas ellas –ciudades recientes del Nuevo Mundo– fue La Isabela, porque fue de piedra o cantería, (...) casa para los bastimientos y municiones de la armada e Iglesia y Hospital y para su morada -Cristóbal Colón- una casa fuerte, según se pudo hacer; y repartió solares, oredenando sus calles y plaza, y avecindáronse las personas principales, y manda que cada uno haga su casa como mejor pudiere; las casa públicas se hicieron de piedra, las demás cada uno hacía de madera y paja, y como hacerse podía".
Es ahí, en las calles que poco a poco van perdiendo su forma ante el empuje de la selva primordial, y hozan los cerdos cimarrones, donde se va a producir el extraño encuentro y su final, casi humorístico para nosotros, descreidos y caídos en el cinismo a fuerza de experiencias literarias y cinematográficas.
Esta historia prueba que en las naos y carabelas de Colón no solo viajaron los seres vivos; hombres, ganado y caballerizas, sino también los fantasmas del viejo mundo, no se si en las bodegas o en la punta de los mástiles como fuego de San Telmo; quizás tan solo en el alma de los viajeros.

martes, 22 de febrero de 2011

La fantasma


Escrito en torno a 1558 por Francisco Cervantes de Salazar (1514-1575). Se incluye en su "Crónica de la Nueva España", en el capítulo V del Libro VI. Se presenta con todas las trazas, al menos formales, de lo verídico: un capítulo más en una crónica histórica.

En mi ignorancia creía que "La posada del mal hospedaje", ese fragmento espectacular de la novela "El peregrino en su patria" (1604) de Lope de Vega era el primer cuento de fantasmas de la literatura en lengua castellana. Como era de esperar no es así. La erudición del estudioso y experto en literatura mexicana, el peruano Fernando Tola de Habich, expuesta en su bitácora "Mi trato con los fantasmas" me ha sacado de mi error, aparte de proporcionarme el placer de enfrentarme a un texto bello y sugerente. Vaya en mi disculpa que el libro de la "Crónica de la Nueva España" es un texto conocido tan solo por los estudiosos. Aunque como ni siquiera he leído a Bernal Díaz del Castillo, tal disculpa suene a hueco.
El relato, en su sencillez, me parece muy hermoso. Un español, encerrado en una fortaleza en Francia a la espera de que se pague un rescate enorme por él (pues los franceses, comprensiblemente, han tomado el oro azteca que había en su barco como fortuna personal) va a recibir unas curiosas visitas en su celda.
Como todo gran cuento de lo fantástico, su capacidad de sugerencia es grande. Quizás nos cuenta que el amor debe ser secreto. Quizás refiere al "polvo enamorado" del que hablaba Quevedo. A un deseo que no muere, no a un hombre en concreto, sino al hombre en general, al principio masculino. Cuatro siglos y medio han pasado desde que se escribió este texto, y nos llega con un pefume levísimo, y por eso mismo más fascinador. Hasta la sensación que produce es, en si, fantasmal, rastro tan solo de miedos más intensos.

Esta excelente página es un remanso de erudición entre tanto "amateurismo", incluyendo el mío propio.

Ilustración: retrato de Francisco Cervantes de Salazar, por José de Bustos. Obra de la segunda mitad del siglo XVIII que se supone copia de uno anterior, quizás este si contemporáneo del escritor.

miércoles, 19 de enero de 2011

La fría mano del misterio.


Escrito por Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964), y publicado en su libro de relatos "Tragedias de la vida vulgar. Cuentos tristes", en el año 1922.

Extraño y fascinante relato que el autor gallego subtituló "Historia de pesadilla". El magistral tono enfebrecido y apresurado del cuento, la extrañeza de los personajes, la reunión de temas varios de lo sobrenatural (fantasmas, rencarnación, incluso muertos vivientes) en el breve espacio de un cuento de poco más de doce páginas, todo contribuye a su poderoso efecto onírico, sin que por eso el horror se atenue.

Os dije que encontraría otros cuentos de fantasmas en la literatura española. Pues aquí está, original y poderoso. No me gusta mucho hablar de argumentos, por no reventar las historias, pero si del marco narrativo, de los ambientes en que ocurre la acción. Aquí es una casona cercana a una catedral de una ciudad lluviosa. Podría ser perfectamente Santiago.

El auténtico espacio de los acontecimientos es, sin embargo, el país de Hoffmann y de Poe.
En cuanto al estilo, ya lo he calificado de magistral. Pero no se crean mi palabra. Mejor lean las siguientes:
"Callábamos, presos de una vaga inquietud. Se sentía un leve zumbar: quizás el de la sangre en los oidos; quizá, el de los espíritus que vuelan en la noche; quizá era, tan sólo, la vida misteriosa de la casa."

Se puede encontrar en "Tragedias de la vida vulgar" como ya dije; pero no hay que recurrir a las librerías anticuarias, pues ha sido reditado este año 2010 por Ediciones 98, de Alcobendas, Madrid.

sábado, 15 de enero de 2011

El resentimiento de un contrabandista

Escrito por Juan Manuel de Azara, publicado en el Semanario Pintoresco Español en 1846. Lo he leído en la Antología del cuento romántico, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid 2008.

De este Azara solo conocemos sus cuentos. No parece que se hayan encontrado datos sobre su vida; es uno de esos literatos que el tiempo olvidó, aunque sus cuentos han aparecido en alguna antología de literatura del XIX español.

Cuando hablé de "Los tesoros de la Alhambra" me referí que en general, y a la espera de ese relato que me haga cambiar de opinión, la literatura fantástica del romanticismo no me atrae mucho. Te puedes encontrar relatos bien escritos, como "La calumnia" de Mila i Fontanals, pero ocurren en esa edad media estereótipada del gusto romántico, y a mi la literatura fantástica que me atrae es la que sucede en el "ahora" de cada autor. Y luego hay relatos ambientados en el momento histórico del autor pero que los desgracia el estilo romántico con todos sus excesos: turbiedad, retórica y ampulosidad. Por ejemplo "Yago Yask" de Pedro de Madrazo.
"Los teroros de la Alhambra" era esa excepción maravillosa, el relato exquisitamente escrito que introducía lo fantástico en la actualidad romántica.

"El resentimiento de un contrabandista" está narrado muy bien, y ocurre en 1827. Bingo por tanto. En ese año el gobierno de su Majestad Católica decide imponer una política de tolerancia cero sobre los contrabandistas que infestan la Andalucia occidental. Tal es el marco en que ocurre una historia de venganza sobrenatural ¿o no hay tal elemento sobrenatural? Porque lo que hace destacable este relato, aparte su transcurso elegante e impecable, es la ambigüedad "todoroviana" del relato. Lo he leído con toda la atención de que soy capaz, y mi veredicto parece inclinarse por una solución de compromiso, que me parece enormemente sugestiva: hay colaboración entre agentes sobrenaturales y naturales en la consecución de la venganza.

lunes, 3 de enero de 2011

El retrato




Pues sí, aquí vuelve Arévalo Martínez (1884-1975) con esta historia, sutil y tierna, de fantasmas. Como es propio de la que para mí es la técnica máspura y difícil de la literatura fantástica, el relato puede ser sobrenatural, o puede ser una combinación inopinada de casualidad en los hechos y fervor poético en el narrador. Esta ambiguedad, que se mantiene todo el relato, sin que su final resuelva la duda, (como quería Todorov para definir lo fantástico puro) se basa en la fina y fervorosa psicología de que hace gala el autor: todo puede ser un entusiasmo espiritual ante la belleza de una mujer y nada más. O algo más, como parece apuntar la actuación de la hija del narrador, que a sus dos años ya muestra una atracción natural por un alma bella, quizás en tránsito al otro mundo... No digo más.

El estilo de Arévalo está a la altura de su gran imaginación, de su originalidad radical; es fino, elegante, apasionado, con la pasión del ritmo del modernismo que fue la cuna literaria de nuestro guatemalteco, pero más esencial, más desnudo. Un gran estilo y un gran escritor, que en mucha mayor medida que los otros autores cuyos cuentos he comentado, era intrinsecamente un autor de lo fantástico.
Apareció por primera vez en la edición de 1951 de "El hombre que parecía un caballo". Y yo lo he leído en la edición crítica que mencioné en la entrada de ayer.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Los tesoros de la Alhambra


Escrito por Serafín Estébanez Calderón (1799-1867). Publicado en 1832 en el número cuatro de la revista "Cartas españolas".

Uno se enfrenta al cuento romántico español con prevención. Los temas, acartonadas leyendas en una edad media de guardarropía. El estilo, efusiones, ayes y epítetos que sin duda emocionaban en la época pero que ahora suenan de una falsedad apabullante. Pero tiene que haber excepciones. Yo ya he encontrado una. En esta breve joya del relato romántico "el solitario", pues tal era el seudónimo de nuestro escritor, renunció para bien a su estilo recargado y gongorino y narró con admirable tersura y economía una historia sobre los tesoros ocultos de la Alhambra, sobre los que tanto se ha soñado y jamás encontrado. Relato fantástico de pura cepa, ambientado en el ambiente contemporáneo de la Granada del romanticismo y en donde lo misterioso y sobrenatural se narra con sencillez, sin aspavientos, con la pureza primigenia ante los enigmas que se encuentra en Las Mil Noches y Una Noche.
Ayuda sin duda en su fascinación sobre mí el hecho de que yo conozca la carrera del Darro y el bosque de la Alhambra, que no deben haber cambiado excesivamente en los últimos doscientos años, al menos en comparación con otros parajes. Es fácil poblar esas imágenes que hay mi mente con caballeros de levita y sombrero de copa, con pañuelo de seda al cuello.
Que otros tesoros, ya no de la Alhambra, sino de la prosa en castellano, deben estar escondidos para aquel que desafíe el espeso manto del olvido y de la ignorancia de nuestra literatura fantástica.

Se puede encontrar en la Antología del Cuento Romántico, Biblioteca Nueva, Madrid 2008.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La dama de la Rosa


Escrito por Pedro de Répide (1882-1948). Publicada en la revista "La esfera" en enero de 1916.

Nos ocupa un interesante relato de fantasmas, género que nuestros escritores han tratado menos, sin duda, que los anglosajones, para los que es un género tradicional, como aquí puedan ser las andanzas del pícaro. Ahora bien, como iré demostrando en esta página, en la literatura en castellano abundan los fantasmas, como no podía ser menos.

Para comenzar, el que fuera cronista de la Villa de Madrid deja muy clara la época del relato, 1854. El protagonista es un joven diplomático que, en un baile de máscaras en el Teatro Real, es abordado por una dama de extraño comportamiento. Realmente este relato parte de una leyenda urbana universal, tan universal que tiene su versión madrileña, que es la que aquí se nos narra.

Es uno de esos relatos de lo fantástico con una sólida base geográfica, que permitan seguir las peripecias sobre un mapa, en este caso el callejero de la capital de España. Creo que detrás de esa preferencia está el deseo de que la realidad cotidiana quede transfigurada por el poder de la ficción. En "La dama de la Rosa", como en esa obra maestra, de la que hablaremos algún día, "La mujer alta", es posible revivir el itinerario de los protagonistas por el Madrid nocturno. Bien es verdad que muchos de los palacios de la calle Alcalá han desaparecido, pero alguno permanece. Y el origen y destino del itinerario todavía sobreviven al paso del tiempo, que son el Teatro Real y la Iglesia de San José, que será ya siempre para mí la iglesia en que culmina la historia de "La dama de la rosa".

Sobre esta historia arquetípica Pedro de Répide escribió un relato elegante, de sobrio patetismo. Cuarenta años después, en el exilio, Max Aub retomó el tema en su cuento "La gabardina" del que hablaré algún día.
Se puede encontrar en Cuentos madrileños de la editorial Castalia, Madrid 2002 en su colección Castalia Prima.

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