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sábado, 16 de julio de 2011

El gigante y el auto




Aquí tenemos de nuevo al autor favorito de esta página, de momento, con tres reseñas. Don Rafel Arévalo Martínez fue un escritor complejo, y un hombre nada sencillo. Su obra es extensa y multiforme. Sus textos más conocidos son sus extraños cuentos simbolistas, líricos y discursivos, más surrealistas que fantásticos, donde hace retratos psicológicos e incluso físicos, de diversos personajes, conocidos o anónimos, emparentándoles con animales, con sus "nahuales" dicen algunos. El más famoso es "El hombre que parecía un caballo", en donde expresa su fascinación por el poeta Barba Jacob (que en verdad el colombiano tenía un rostro algo caballuno). Tengo que decir que estos cuentos, sin discutir la belleza del estilo y el vertiginoso vuelo metafórico, no son los que prefiero de él, quizás con la excepción del muy bello "Nuestra Señora de los locos".

Los que yo prefiero son sus relatos más breves, más directos y sencillos, y más propiamente fantásticos, de los cuales ya he reseñado dos: "El retrato", un delicado y tierno relato de fantasmas, quizás uno de los más sutiles jamás escritos, y el ambiguo y sorprendente "El hombre verde", que vale como relato de lo sobrenatural y como consejo de técnica literaria.


"El gigante y el auto", como se encargan de decirnos los numerosos autores de la "Chronology of Latin American Science Fiction, 1775-2005" número 103 de la revista digital "Science Fiction Studies" es la más decidida aproximación del guatemalteco al genero de fantasía científica, y es un breve homenaje al "Micromegas" de Voltaire.

Incorporado a la edición del 51 del sempiterno "El hombre que parecía un caballo", es un breve relato de suave humorismo que no invalida para nada su premisa "cienciaficcionística". Los extraterrestres pueden estar entre nosotros y ser nosotros incapaces de verlos, si acaso de percibir algunos de sus efectos sobre nuestro medio ambiente, como las hormigas padecen a veces nuestras intervenciones, destructivas o alimenticias, sin (suponemos) saber realmente lo que está pasando.

No hay en principio muchos relatos dedicados al tema de los extraterrestres entre los autores clásicos de la literatura en castellano. Ya comenté el intenso relato "Los espias" de Mujica Laínez. El más famoso es sin duda "El calamar opta por su tinta" de Bioy Casares. Aunque bien pensado, la narración sobre tema extraterrestre de mayor calado y fascinación sobre la multitud lectora que nunca se haya escrito en castellano es un relato dibujado, una historieta; "El eternauta" con el memorable guión de Hector Germán Oesterheld.



En una belleza de coche como éste imagino a los personajes del cuento de Arévalo Martínez enfrentarse a lo ignoto venido de fuera de nuestro planeta.

jueves, 28 de abril de 2011

La nueva prehistoria



Escrito por René Rebetez (1933-2000). Es parte del libro "Ellos lo llaman amanecer y otros relatos", Bogotá 1996. Lo he leído en "Cuentos y relatos de la literatura colombiana", tomo II, selección de Luz Mary Giraldo, publicado por el Foro de Cultura Económica, Bogotá 2005.

La idea básica de este relato es la fusión de grupos de seres humanos en un nuevo individuo de origen colectivo. Este tema no es una invención del autor colombiano (pero que difícil, por no decir imposible, es trazar la primera ocurrencia de una idea); aparece con otros matices por ejemplo en la novela de fantasía científica de Rosny Aîne "La fuerza misteriosa". Sin embargo, lo que en el autor belga buscaba suscitar la sensación de maravilla, aderezada con algunos toques de fino humor, en el cuento del cundinamarqués busca el asco y el horror ante la supresión de la individualidad. Esta nausea específica ante el triunfo de lo colectivo solo recuerdo haberlo sentido con tanta fuerza con la lectura de "Un mundo feliz" de Huxley.

Estamos ante una alegoría evidente, un cuento de formidable poder, sencillo en su horror sobre la sustitución del ser humano por otra cosa, que es más y menos que humana, nunca reconocible. Rebatez, como otros antes y después que él parece apuntar al poder destructivo de la sociedad de masas sobre la conciencia individual.

sábado, 9 de abril de 2011

Los espías



Escrito por Manuel Mujica Lainez (1910-1984). Es parte del libro de relatos "El brazalete y otros cuentos" del año 1978.

Inquietante historia de apariciones alienígenas en donde Mujica Lainez aborda un tema de serie b con su gran prosa de serie a. Presenta puntos de contacto con otra obra, en este caso cinematográfica, del mismo año, "Invasion of the body snatchers", la versión de Phillip Kaufman, que es, a mi gusto, la mejor. También percibo, sin duda exhuberancia imaginativa por mi parte, la influencia de la obra pictórica del colombiano Botero.

Cuento más sencillo, menos abierto a interpretaciones que la mayoría de los que ya han aparecido en esta página, es un espléndido ejemplo de que un tema, por manido que esté, adquiere dignidad literaria si se pone a su servicio una prosa de plenitud expresiva y una imagen poderosa y central. Como relato directo que es, solo queda por tanto leerlo y disfrutar.




No, no son de este mundo. Ni siquiera el gato.





sábado, 5 de marzo de 2011

Televisión del pasado


Escrito por Francisco García Pavón (1919-1989). Publicado en 1967 en su libro de relatos "La guerra de los mil años".

Se puede encontrar también en la Antología de Literatura Fantástica española, en Valdemar. El escritor manchego, más conocido por sus novelas policiacas, se aproximó a una fantasía científica o futurista en este libro, eso si, anticipación "sui generis". El par de relatos que para mí son auténticamente buenos participan más del relato de fantasmas, aunque también muy particular. Sin embargo, al comenzar a leer este cuento, con su prosa funcional y seca y su premisa de inicio: la posibilidad de captar las imágenes del pasado, hacen presagiar que este es un relato de anticipación científica, como "Luz de otros días"  la novela sobre el mismo tema de Clarke y Baxter. Pero no hay tal cosa; la novela de los británicos se basaba en la física cuántica, el relato del manchego en una fantasía quijotesca de vuelta al pasado, en donde la retrotelevisión funciona como retablo de Maese Pedro, o tinglado que demuestra nuestra locura.
Luego, hacia el final del relato, la prosa se enriquece, se hace dúctil y bella, envolvente, sin llegar al barroquismo que deforma otros cuentos de García Pavón. Este cambio de estilo no es fortuito; cuando la retrotelevisión comienza a exhibir imágenes de tiempos pasados, la lengua literaria del cuento también adopta los viejos ritmos, recupera la fruición y el calor de la palabra. Esto me parece un gran hallazgo.

El relato no es sin embargo tan solo un ejercicio formal en literatura fantástica; es también una mirada asombrada al pasado, en donde se mantiene la tesis, que podrá parecer peregrina, pero que yo comparto, que los hombres de hace siglo y medio (un siglo cuando escribio este cuento Don Francisco) eran esencialmente distintos a nosotros en lo que podríamos llamar el ritmo, la plástica de sus movimientos, la armonía de sus gestos. En unos párrafos magistrales García Pavón describe un baile de la época romántica como quien describe arcanas ceremonias de civilizaciones perdidas o ignotos procederes extraterrestres.

El enigmático final parece sugerir que el desprecio que sentimos por el pasado, este nos lo devuelve. O nos lo devolvió,  puesto que quizás sea aquí más pertinente el preterito.

Otra obra maestra olvidada de poesía y enigma.

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