domingo, 4 de diciembre de 2011

Las ruinas


Escrito por Juan Montalvo. Apareció en el segundo número de la revista "El Regenerador", en julio de 1876, en Quito. Lo he leído "Cuentos fantásticos del Romanticismo hispanoamericano", Cátedra, Madrid 2011.

El sesgo alucinatorio que contiene "Gaspar Blondín" no fue fruto de la casualidad. En este otro relato el autor ecuatoriano nos demuestra de nuevo la fuerza y la rareza de su visión.

El relato se ubica en Italia, en el palacio de una familia de la pequeña nobleza rusa, adonde Montalvo resulta invitado tras un encuentro casual en las faldas del Vesubio.

Es un relato sobre la locura, en que esta adquiere una presencia simbólica muy poderosa, hasta el punto de, en una temprana manifestación de lo que se llamaría luego horror cósmico, impregnar incluso los espacios siderales.


En la escenografía gótica de la primera parte de los sueños del desgraciado Alejandro me parece indiscutible la influencia de los grabados de Giovanni Batista Piranesi tanto de las "Carceri d'invenzione" como de la "Antiquitá romana". Prueba de que el joven ruso se pierde durante el cuento en tales grabados sería el hecho de que se cita como ubicación de las siniestras experiencias un lugar de la antiguedad romana tan importante como Tivoli, en donde el grabador veneciano realizó muchas de sus obras, como la que sigue y con la que pongo fin a esta reseña.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Las islas nuevas



Escrito por Maria Luisa Bombal (1910-1980).  Publicado en la legendaria revista bonaerense "Sur" en el año 1939. La escritora chilena lo incluiría en su libro "La última niebla" (1941). Lo he leído en el volumen "La última niebla. La amortajada" editado por Seix Barral en 1984.


La presente narración es un cúmulo de misterios encerrados en un mundo incomprensible que es el nuestro. Islas que surgen en lagunas, amores y deseos que vienen más allá del tiempo. Niños que son poetas sin saberlo, mujeres que guardan rasgos y estigmas de cuando eran libélulas en el carbonifero. Medusas en aguas fluviales, amores que no envejecen porque jamás se consuman.



Un tren que se oye en la noche desde que sale de la localidad de Lobos, en la provincia de Buenos Aires, pero que tardará, en la planicie perfecta y silenciosa de la pampa, media hora en alcanzar al oyente de su runrún. Este último dato, que imaginó perfectamente verídico, me parece tan inusitado como las fantasías que la escritora vierte, con el orden exquisito de su delirio, una tras otra.



La estación de tren de la ciudad de Lobos, que tiene aspecto de no haber sido alterada desde los años treinta del pasado siglo.


Pues así es el mundo de Maria Luisa Bombal: todo se coloca en el mismo plano brumoso; los milagros de un mundo donde subsiste esa magia arcaica que es el amor, y que el varón parece haber olvidado, pero también los prodigios poéticos que nacen de los avances técnicos, como una llamada telefónica que viaja a través de suburbios porteños, llanuras y poblaciones provinciales hasta llegar a una habitación oscura y estanciera en donde reside una posibilidad de felicidad para el que llama, quizás la única. Pero ¿son los hombres capaces de compartir su vida con una libélula del carbonífero, enorme, aleteante, trémula, bañada por la luna del pasado, que como es sabido, oculta simultaneamente sus dos caras? Demasiadas incertidumbres, tal vez demasiada belleza para el orgullo varonil.




"Mira, la verdad es que Islas Nuevas es un cuento que surgió de manera misteriosa. Cuando yo vivía en la Argentina, yo siempre visitaba esa estancia, La Atalaya, se llamaba, allá en la Pampa, y allí era testigo de un hecho maravilloso. En la estancia había muchas lagunas y misteriosamente el agua descendía y aparecían todas esas islas nuevas que después desaparecían también misteriosamente. Era sobrecogedor y este hecho maravilloso y sobrecogedor me inspiró para imaginar a una mujer que era tan misteriosa como esa naturaleza que los hombres no comprenden ni quieren comprender. Yolanda ¡pobrecita!"

miércoles, 10 de agosto de 2011

El hombre del caballo rucio


"Aquel inmenso valle se abre desde las vertientes orientales del Cofre de Perote hasta el Atlántico que, como una cinta azul celeste muy baja, forma en los días claros y serenos la última lontananza del cuadro"

Escrito por José María Roa Bárcena (1827-1908). Es uno de los relatos incluidos en "Noche al raso (manuscrito hallado entre papeles viejos)" (1870).

El tema de los fantasmas a caballo es de mucha tradición. En este relato Roa Bárcena traza lo más parecido a  "The Legend of Sleepy Hollow (1820)" con lo que me haya topado hasta ahora en las literaturas hispánicas. Ocurre en Veracruz, estado natal del autor, entre rancheros. Con cierta ingenuidad para el gusto moderno, sin llegar a la altura del gran cuento "Lanchitas" (ya comentado en esta misma bitácora"), "El hombre del caballo rucio" funciona como un eficaz cuento espectral que tiene dos buenas escenas: el anonadamiento de Don Encarnación por el fantasma del hidalgo y la persecución ecuestre del rucio fantasmal por el valeroso mallorquín y su équido "Enaguas blancas". (Es quizás curioso que en un relato tan enraizado en la realidad rural mexicana como este tanto el fantasma como su más corajudo perseguidor sean gachupines).

Lo he leído en "Relatos" de José María Roa Bárcena, Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1955, bonito ejemplar en rústica que contiene junto a "Noche al raso" y "Lanchitas" otros textos que no atañen al objeto de esta bitácora.


Don José María en borrosa foto de sus últimos tiempos, en apariencia. El escritor aprendió latín a partir de los sesenta años y se despidió del mundo y de la literatura con traducciones de los clásicos latinos, demostrando, con tal hazaña de la voluntad (aunque sin duda intervino también, poderoso, el principio del placer) lo que había demostrado otras veces; su condición de hombre de una pieza.

jueves, 28 de julio de 2011

La culpa es de los tlaxcaltecas



Escrito por Elena Garro (1917-1998). Publicado por vez primera en la "Revista Mexicana de Literatura" en el año 1964. Yo le he leído en "Narrativa Mexicana de hoy", selección de Emmanuel Carballo, Alianza Editorial, Madrid 1969.


De este relato son sin duda posible lecturas feminista e indigenistas; otras le niegan el carácter fantástico (que ya es atrevimiento, pues su carácter de tal es evidente) en consonancia con la habitual política de negar el pan y la sal al género por parte de la crítica sesuda; ya sabemos que son esos críticos los que te demostrarán que "Pedro Páramo" no es una novela de fantasmas sino una crónica del fracaso de la reforma agraria de Lázaro Cárdenas, que es algo mucho más respetable (como si no fuera posible que fuera ambas cosas simultaneamente).

Nosotros a lo nuestro, a nuestra investigación en los vericuentos de la imaginación liberrima (que no niega los contenidos sociales, de lucha de clases o de sexos,  o económicos que puedan tener los relatos, pero al no estar preparados teoricamente para investigarlos, es sin duda benévola casualidad que no nos interesen lo más mínimo).

Laura va a comenzar a vivir, a raiz de una excursión a Guanajato una alucinante existencia dual. Por un lado seguirá siendo la esposa insatisfecha y neurótica de Pablo, un tirano doméstico y un hombre que parece pertenecer a una clase media desahogada economicamente (verán que ni mi incultura me libra del uso, siquier torpe, de categorías interpretativas marxistas).  Pero por otro lado es la esposa de un guerrero azteca que lucha, sin esperanza, en la caida de Tenochtitlán. Los dos tiempos van a comenzar a mezclarse, y todo parece indicar que no solo en la confusa mente de Doña Laura...

En este soberbio cuento la señora Garro escribió con belleza y poder de sugerencia esta historia sobre la huida a un espacio mítico. Porque Laura no parece querer escapar de guatemala a guatepeor (expresión que era habitual en mi pais por la que pido disculpa a mis posibles lectores guatemaltecos, compatriotas del excelso poeta Arévalo Martínez), es decir, del aburrimiento pequeño burgués de un matrimonio infeliz en el México de los años 60 al caos, destrucción y sufrimiento del Tenochtlitlán en llamas, sino al espacio escatólogico de los aztecas, un lugar donde el tiempo se acabe, y Laura sea uno para siempre con su marido-primo, el valiente guerrero.



Pintura de Desiderio Hernández Xochitiotzin en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala . Los supuestos "traidores", los líderes xlacatecas, Maxicatzin y Xicoténcatl el viejo, llegan a una alianza con Cortés bajo la mirada de la madre del pueblo mexicano, Doña Marina. Xiconténcatl era ciego, y pidió permiso a Cortés para tocar su rostro y hacerse una idea de su aspecto. Si bien se piensa, parece como si en México, en cierta manera, se repitiera ese gesto de ceguera y extrañada indagación, en su atormentada relación de amor odio con el elemento hispánico de su gran cultura.

sábado, 16 de julio de 2011

El gigante y el auto




Aquí tenemos de nuevo al autor favorito de esta página, de momento, con tres reseñas. Don Rafel Arévalo Martínez fue un escritor complejo, y un hombre nada sencillo. Su obra es extensa y multiforme. Sus textos más conocidos son sus extraños cuentos simbolistas, líricos y discursivos, más surrealistas que fantásticos, donde hace retratos psicológicos e incluso físicos, de diversos personajes, conocidos o anónimos, emparentándoles con animales, con sus "nahuales" dicen algunos. El más famoso es "El hombre que parecía un caballo", en donde expresa su fascinación por el poeta Barba Jacob (que en verdad el colombiano tenía un rostro algo caballuno). Tengo que decir que estos cuentos, sin discutir la belleza del estilo y el vertiginoso vuelo metafórico, no son los que prefiero de él, quizás con la excepción del muy bello "Nuestra Señora de los locos".

Los que yo prefiero son sus relatos más breves, más directos y sencillos, y más propiamente fantásticos, de los cuales ya he reseñado dos: "El retrato", un delicado y tierno relato de fantasmas, quizás uno de los más sutiles jamás escritos, y el ambiguo y sorprendente "El hombre verde", que vale como relato de lo sobrenatural y como consejo de técnica literaria.


"El gigante y el auto", como se encargan de decirnos los numerosos autores de la "Chronology of Latin American Science Fiction, 1775-2005" número 103 de la revista digital "Science Fiction Studies" es la más decidida aproximación del guatemalteco al genero de fantasía científica, y es un breve homenaje al "Micromegas" de Voltaire.

Incorporado a la edición del 51 del sempiterno "El hombre que parecía un caballo", es un breve relato de suave humorismo que no invalida para nada su premisa "cienciaficcionística". Los extraterrestres pueden estar entre nosotros y ser nosotros incapaces de verlos, si acaso de percibir algunos de sus efectos sobre nuestro medio ambiente, como las hormigas padecen a veces nuestras intervenciones, destructivas o alimenticias, sin (suponemos) saber realmente lo que está pasando.

No hay en principio muchos relatos dedicados al tema de los extraterrestres entre los autores clásicos de la literatura en castellano. Ya comenté el intenso relato "Los espias" de Mujica Laínez. El más famoso es sin duda "El calamar opta por su tinta" de Bioy Casares. Aunque bien pensado, la narración sobre tema extraterrestre de mayor calado y fascinación sobre la multitud lectora que nunca se haya escrito en castellano es un relato dibujado, una historieta; "El eternauta" con el memorable guión de Hector Germán Oesterheld.



En una belleza de coche como éste imagino a los personajes del cuento de Arévalo Martínez enfrentarse a lo ignoto venido de fuera de nuestro planeta.

martes, 12 de julio de 2011

La loba




Escrito por Francisco Gavidia (1864-1955). Publicado por primera vez en Repertorio del Diario del Salvador en 1905.

Por fin encuentro un relato escrito en castellano sobre la conversión de un ser humano en lobo que me agrade, porque los escasos con los que me había topado (a veces de escritores tan dotados como Agustín de Foxá) no me acababan de convencer. Pero este, escrito por uno de los grandes patriarcas de las letras salvadoreñas me ha encantado. 

Comienza con una hermosa descripción de Cacahuatique, actual Ciudad Barrios, donde transcurrieron los días infantiles del autor. Don Francisco nos viene a decir que la población no estaba tan lejos como se pudiera pensar del Cacaotique original de los indígenas, de "ídolos acurrucados en los templos". Lo que sin duda era verdad hace siglo y medio. Dicha afirmación opera además como astuto y refinado vínculo con la narración precolombina que el niñó Gavidia oyó de labios de un mayordomo de su casa y que es el objeto del relato. Porque si el mundo primordial de los indios seguía vivo en armoniosa convivencia con las prácticas venidas de Europa cuando su niñez, al recuperar ésta por medio del recuerdo se opera también la magia del renacer imaginativo del mundo de antes de la conquista, y la historia de licantropía, aunque fantástica, adquiere así un marchamo de autoridad, un sello de verosimilitud.

El relato en si no es un prodigio de originalidad, pero está bellamente narrado y sobre todo con las pinceladas descriptivas justas. Cuantos autores, cuando tratan de revivir un mundo desconocido para el lector, bien por imaginado, bien por exótico, abruman al lector con soporíferas descripciones de minuciosidad inventarial. Tolkien (¿me atreveré a decirlo?) en sus peores momentos cae en este error en su obra magna. Gavidia sabe en cambio dar sabias pinceladas (una sábana de pieles de ratón montés y un dosel de plumas de quetzal, por ejemplo) que se graban en nuestra retina. El resto del escenario lo llena nuestra imaginación, con los caciques y los guacamayos que vivien en lo más hondo de nuestro cerebro, a donde llegaron desde el zoo de nuestra infancia o más tarde, desde las etiquetas de ciertas bebidas espirituosas.

Una pequeña joya de lo que luego se llamaría relato indigenista. Aparece en la antología "Penumbra", tantas veces citada, y es fácil de leer en la red.




viernes, 8 de julio de 2011

La Granja Blanca




Escrito por Clemente Palma (1872-1946) en el año 1900, apareció por vez primera en "El Ateneo de Lima" con el título "¿Ensueño o realidad?"  Es uno de los "Cuentos malévolos" de 1904.


En segunda lectura este relato me ha interesado mucho más. Al principio me pareció un "totum revolutum" de temas filosóficos, esotéricos, todo presidido por un afán decadentista de escandalizar. Bien escrito, eso si, con una prosa músical, y de conformidad con el contenido narrativo, algo hinchada y desquiciada, pero siempre con la elegancia que se espera de un autor de la "Belle Epoque".

Al leerlo de nuevo me ha vuelto a entretener y le he empezado a ver más sentido al relato, sin desdeñar del todo el diagnóstico de que Don Clemente pecó aquí, de querer "meter la peste en un canuto", en el sentido de que la riqueza de temas del cuento hubiera requerido quizás de un tratamiento más largo, para no amontonar, como en una barraca de feria, la metempsícosis, el arte como sortilegio, la filosofía como delirio, el infanticidio, la necrofilia, el incesto y la piromanía.

Y sin embargo, el relato funciona. Es un desfile grotesco a paso lígero, si, pero  de indudable atractivo para aquellos que nos deleitamos con la literatura de lo sobrenatural, y lo preside, dando unidad al relato, la idea de un nihilismo cósmico. Si solo somos un sueño, todo está permitido. Así, el protagonista va a llegar a una ataraxia perversa que poco tiene que ver con la de Epicuro o los estoicos, sino que se basa en una concepción fantasmal del mundo.

No es por tanto un relato perfecto, pero es absorbente con todos sus defectos y se basa en una idea de gran alcance.

Leido en  "Penumbra, antología crítica del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX" antología de Lola López Martín para la editorial Lengua de Trapo.





miércoles, 1 de junio de 2011

La fuerza del desengaño



"La fuerza del desengaño". Escrito por Juan Pérez de Montalbán (1602-1638). Forma parte del libro "Sucesos y prodigios de amor" (1624). Modernamente está incluido en la antología "Literatura fantástica y de terror española del siglo XVII" a cargo de Joan Estruch.

De nuevo nos acercamos a islas desconocidas, en el piélago infinito de la literatura en castellano. En el siglo XVII, para la común opinión el siglo de oro de nuestra literatura hubo escritores de gran éxito sobre los que ha caído una capa, más o menos espesa, del olvido. Tenemos, entre otros, los nombres de Gonzalo de Céspedes y Meneses, de Cristobal Lozano, de Maria de Zayas y del autor que nos ocupa. Curiosamente parece ser que los une, aparte de la condición genérica de ser autores de relatos, la de no desdeñar los arquetipos de lo que luego se llamaría literatura de terror: la muerte, cadaveres que reviven, brujerías varias, el demonio... Después de leer este relato y "La historia del Capitán Céspedes" me pregunto si la habitual alergía de los estamentos culturales dominantes en España a todo lo que huela a fantasía en libertad no habrá ocultado que en la España imperial y barroca hubo una literatura próxima a lo que siglo y medio después ocurriría en Inglaterra: la novela gótica. Pero evidentemente hay que seguir leyendo a los autores mencionados y otros que pudieran aparecer antes de confirmar hipótesis tan atrevida.

"La fuerza del desengaño" es una "novela cortesana" expresión con la que se denomina lo que son en realidad cuentos de intriga amorosa, que en el caso de Pérez de Montalbán parece que muchas veces coquetearon con lo licencioso. Quizás su cargo de notario de la Inquisición le permitió evitar censuras; quizás la censura no era tan terrible como pensamos para los autores patrios. En este relato no hay nada explícito, como si pueda haber en "La lozana andaluza" de Francisco Delicado, pero la corrupción moral existe y se enuncia sin muchos ambages.

Es la historia de un triángulo amoroso entre un joven estudiante de Alcalá de Henares, Teodoro, aficionado a cometer "travesuras con la espada", que ama a la bella Narcisa, que le corresponde. El vértice perverso del triángulo, o así parece en un primer momento, es Valerio, rico pero nieto de judios conversos, o como dice más bellamente el autor, "aunque en la sangre pudiera tener más ventajas, con su mucha riqueza disimulaba esta falta". Con sutileza, nuestro escritor va lentamente enderezando la suerte de Valerio a lo largo del relato, mostrando así su simpatía por su criatura de ficción, que como él compartía la incomodidad social en la Castilla de aquellos años de no ser "castellano viejo".

Estamos hablando de un relato que se aproxima a los cuatrocientos años de antigüedad, y aún partiendo de un esquema convencional, el autor usa un estilo ágil y de fácil comprensión, incluso para nuestros días, y una considerable imaginación en los avatares de los personajes. El resultado es una prosa de considerable amenidad y un relato interesante. Pérez de Montalbán era un narrador de raza.

El relato consta de unas venticuatro páginas; solo en las últimas cuatro interrumpe lo sobrenatural, que cumple aquí una función de restitución del orden social que el protagonista ha puesto en peligro impulsado por su loca pasión. Pero esa finalidad moral de lo sobrenatural (de origen divino en uno de los casos y hechiceril en el otro) no debe ahuyentar al curioso lector: lo verdaderamente interesante es la forma en que se expresa lo sobrenatural. Con su gran instinto de escritor, el autor madrileño sabe que lo engolado, lo excesivo es enemigo del efecto inquietante; así que aquí lo macabro fantástico está narrado con sobriedad y eficacia. Dos escenarios nocturnos de considerable atmósfera ominosa aparecen en estas últimas y excelentes páginas: una casa de campo casi derruida y una iglesia solitaria iluminada si acaso por algún cirio aislado.

Lectura recomendada para los amantes de la literatura gótica. Pudiera haber una literatura gótica española "avant la lettre". Seguiremos informando.

domingo, 29 de mayo de 2011

Julio Ramos



De todos los cuentos olvidados de mi página, este es sin duda uno de los que más padece tal relegación , junto a los admirable relatos de José Selgas. Otra injusticia, pues el cuento "Julio Ramos", de Diego Vicente Tejera Calzado (1848-1903) es un excelente relato de vampiros, con una atmósfera muy particular y una no por sutil menos decidida originalidad.

Escrito por un poeta y luchador por la indepencia de Cuba, fundador del partido socialista cubano, sin duda habra sufrido ninguneos de facciones antagónicas unidas en su odio a lo sobrenatural literario. Habrá sido enterrado por el atronador silencio de conservadores, para los que sería el cuento de un enemigo, y  también por el disimulo de sus conmilitones, para el que un relato tan extraño y decadente sería sin duda un embarazo y poco menos que una traición al proletariado.

Como bien dice Lola López Martín, este relato es "ejemplo de una literatura que se sitúa al margen de las propuestas comunes y que se presta a representar una otredad desconcertante". Otredad desconcertante... me parece un hallazgo de expresión. Julio Ramos es "el otro" y su vampirismo es tan distinto en su modestia, que sin duda habrá que considerarlo "otro" incluso entre los no muertos.

El relato parece ser parte de una literatura que quizás no existe, el relato de horror cubano. Y sin embargo la isla es (como cualquier otro lado, en verdad) mágica. Hasta mi mujer, una de las personas más realistas que conozco, vio, cuando era niña, el fantasma de una vieja negra, tras una de las innumerables "permutas" de su infancia habanera...

Tejera ubica sin embargo su relato en París, en el teatro de la Opera, con ocasión de un baile de carnaval. El ambiente bullicioso y multitudinario, la búsqueda anhelante y a la vez aterrada por parte del narrador de Julio Ramos, que no debiera estar allí, sino descansando enternamente en el cementerio de Montmartre, todo esto está narrado de manera excelente.

Es el deseo de diversión de un joven que murió tísico sin haber disfrutado los placeres míticos de la "ciudad de la luz" lo que le impulsa a su vida vampírica. Otros detalles identifican a Julio Ramos como al más erótico de los vampiros, y parece sugerir que es una "petit mort" dulce y definitiva lo que explica, en su caso, la ausencia de la marca que suelen dejar los de su especie en las víctimas.

El relato fue publicado en "Papel Periódico de La Habana" sin fecha, ni siquiera año, aparentemente, aunque me cuesta creer tal cosa. No hay referencias a este cuento en Internet, o no he sabido encontrarlas, aparte de referencias a las dos antologías que lo contienen. Una, "Penumbra, antología crítica del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XIX" antología de Lola López Martín para la editorial Lengua de Trapo, y otro "La hermosa vampirizada" antología de Ana María Shua para Emece. Me faltan datos, que quizás solo se puedan encontrar en la tumba de un pobre estudiante hondureño en Monmartre, vieja ya de más de un siglo.




Puesto que el Palace Garnier es la Opera de París desde 1875, debemos suponer que la extraña noche del protagonista de este relato ocurrió en este espacio fastuoso.

viernes, 27 de mayo de 2011

La historia del Capitán Céspedes

Esta historia se encuentra en el libro "Literatura fantástica y de terror española del siglo XVII", antología de Joan Estruch publicada en el año 1982 por la editorial Fontamara de Barcelona.

Escrita por Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585?-1638). El relato apareció en el libro "Varia fortuna del soldado Píndaro" publicado en el 1626.

Lo que distingue este relato de otros muchos es que su protagonista es un personaje real,  Alonso de Céspedes, famoso soldado de la época del Emperador y de Felipe II que murió luchando contra la rebelión morisca. El Céspedes escritor ubica la historia pocos dias antes de su muerte, cuando se preparaba para la campaña en las Alpujarras "alojado en la ciudad [de Granada] con otros caballeros, [y] entretenía el tiempo [...] en ejercicios loables".

De este oficial se contaban historias numerosas relativas a sus fuerzas desmesuradas, auténticos "tall tales". Ahora bien, esa fuerza no va a valer de nada a Don Alonso cuando se enfrente a lo sobrenatural. El elemento espectral actúa en este relato, interesantemente, como castigo por un acto infame cometido anteriormente, pero también como premonición del final del protagonista. Hay rasgos en este relato que pudieran haber influido, sea directa o indirectamente, en la historia del endemoniado Pascheco, la más famosa historia de las que contiene el "Manuscrito encontrado en Zaragoza" de Jan Potocki. En cualquier caso, está narrado con sobriedad y eficacia.

La trama se emplaza en la ciudad de Granada, en concreto en el Albaicín, y más concretamente en las cercanías de la iglesia de San Cristobal erigida en 1501 y que todavía subsiste.

sábado, 30 de abril de 2011

El pez ateo de tus sagradas olas


Escrito por Gonzalo Arango (1931-1976). El cuento es parte de Prosas para leer en la silla eléctrica (1965). Leído en Cuentos y relatos de la literatura colombiana, selección de Luz Mary Giraldo, Fondo de Cultura Económica.

Prosa poética, entusiasta, dionisiaca, de tono profético, borracha de imágenes y de atrevidas metáforas... Perfecta receta para hacer el ridículo más espantoso. Sin embargo Arango era un poeta genuino, un hombre que escribía con el corazón en la mano, y a los que pudimos observar su viscera generosa (basta leer este cuento) vimos que latía con otros ritmos a los del común de los mortales.

La gran prosa de un niño grande enamorado de las imágenes o mejor, de su poder de suscitar imágenes, ingenuo y primordial. No se hace el primitivo, sino que consigue serlo por la alquimia del verbo. (Otra cosa es el Arango persona, que era evidentemente un hombre complejo como la mayor parte de los escritores).

¿Es el relato una alegoría del transcurrir vital del propio Arango, de su huída del desastre en búsqueda de un misticismo panteista? Desconozco todo de este autor salvo este cuento y algunas apresuradas lecturas en la red sobre lo que significó el "nadaismo". Así que lo mejor es ceñirme al relato.

Ocurre en un lugar imaginario, Leteo, ciudad que ostenta el nombre de un río de la mitología griega cuyas aguas proporcionaban el olvido. Esa Leteo productora de olvido (olvido quizás de lo realmente importante, la naturaleza y la vida primigenia) va a ser destruida. Las ruinas parecen sugerir un poco lo que se nos ha contado lo que era Hiroshima tras la explosión: un lugar de absoluta desolación y aún más, de absoluta incomprensión, perplejidad atomico-terminal.
Aún así la ciudad parece querer encadenar al narrador en agotadoras labores de ayuda a los moribundos, a los enterrados, que él, con egoismo de bestia sana, va a rechazar.
El final sin embargo nos muestra con ambiguedad que quizás el abandono en los sentidos no sea tampoco la panacea frente a los dolores del mundo.
Un gran relato simbolista que en manos de un Galeano hubiera atufado a poesía de hojalata de producción sostenible y comercio justo, pero que en la voz vigorosa y atónita de Gonzalo Arango tiene el enigma añadido por los siglos de muchos textos antiquísimos, desde el Antiguo Testamento al Gilgamesh. Aquí el escritor buceó en su incomprensión ancestral y siempre renovada para mostrar la imposibilidad absoluta de escoger un camino sin añorar el que se declinó.

jueves, 28 de abril de 2011

La nueva prehistoria



Escrito por René Rebetez (1933-2000). Es parte del libro "Ellos lo llaman amanecer y otros relatos", Bogotá 1996. Lo he leído en "Cuentos y relatos de la literatura colombiana", tomo II, selección de Luz Mary Giraldo, publicado por el Foro de Cultura Económica, Bogotá 2005.

La idea básica de este relato es la fusión de grupos de seres humanos en un nuevo individuo de origen colectivo. Este tema no es una invención del autor colombiano (pero que difícil, por no decir imposible, es trazar la primera ocurrencia de una idea); aparece con otros matices por ejemplo en la novela de fantasía científica de Rosny Aîne "La fuerza misteriosa". Sin embargo, lo que en el autor belga buscaba suscitar la sensación de maravilla, aderezada con algunos toques de fino humor, en el cuento del cundinamarqués busca el asco y el horror ante la supresión de la individualidad. Esta nausea específica ante el triunfo de lo colectivo solo recuerdo haberlo sentido con tanta fuerza con la lectura de "Un mundo feliz" de Huxley.

Estamos ante una alegoría evidente, un cuento de formidable poder, sencillo en su horror sobre la sustitución del ser humano por otra cosa, que es más y menos que humana, nunca reconocible. Rebatez, como otros antes y después que él parece apuntar al poder destructivo de la sociedad de masas sobre la conciencia individual.

sábado, 9 de abril de 2011

Los espías



Escrito por Manuel Mujica Lainez (1910-1984). Es parte del libro de relatos "El brazalete y otros cuentos" del año 1978.

Inquietante historia de apariciones alienígenas en donde Mujica Lainez aborda un tema de serie b con su gran prosa de serie a. Presenta puntos de contacto con otra obra, en este caso cinematográfica, del mismo año, "Invasion of the body snatchers", la versión de Phillip Kaufman, que es, a mi gusto, la mejor. También percibo, sin duda exhuberancia imaginativa por mi parte, la influencia de la obra pictórica del colombiano Botero.

Cuento más sencillo, menos abierto a interpretaciones que la mayoría de los que ya han aparecido en esta página, es un espléndido ejemplo de que un tema, por manido que esté, adquiere dignidad literaria si se pone a su servicio una prosa de plenitud expresiva y una imagen poderosa y central. Como relato directo que es, solo queda por tanto leerlo y disfrutar.




No, no son de este mundo. Ni siquiera el gato.





domingo, 3 de abril de 2011

La casa de los duendes


Es un fragmento escrito por Diego Torres de Villarroel (1694-1770), extraido de su autobiografía, titulada Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego de Torres y Villarroel, catedrático de prima de matemáticas en la Universidad de Salamanca, escrita por él mismo  (1742). Estamos hablando de una de las escenas más citadas de una de las autobiografías más importantes de la literatura española; es decir, un texto practicamente desconocido hoy en día.

¿Es esto literatura fantástica o la narración de un evento que ocurrió a Torres de Villarroel cuando intentó descubrir quien estaba detras de los ruidos y golpes que se oían en una casa encantada, a petición de la dueña, la condesa de Arcos? Pues depende de la credulidad del lector. El autor salmantino lo presenta como real, puesto que es parte de su autobiografía. Para mí, que ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor, que es mi sed de historias de lo maravilloso y lo sobrenatural, es solo un gran texto de lo fantástico al que quizás (o quizás no) acontezca la gracia de ser la pura verdad.

Como relato de fantasmas verosimil es un prodigio. Hay una mesura, una moderación en los fenómenos que ocurren, que ayuda a la suspensión de la incredulidad. Hay preciosos apuntes del natural, que si no fueron vividos, lo parecen mucho, como la aglomeración de criados aterrorizados durmiendo todos en el salón, pese a la incomodidad, con tal de no estar solos oyendo los ruidos fantasmales en sus estancias. La actuación de Torres de Villarroel durante los acontecimientos se presenta también llena de verosimiltud; armado de un espadón oxidado y quijotesco y también de la convicción de que ahí había "gato encerrado" al principio el astrólogo actúa serenamente, hasta caer luego en un terror abyecto narrado con rasgos de gran comicidad.

La casona de la condesa de Arcos se elevaba en algún lugar de la calle Fuencarral de esta villa y corte de Madrid; pero no he podido saber exactamente donde.

Este texto es también una muestra de castellano del barroco en su modalidad más sencilla y popular, más liberada de tropos y figuras retóricas varias, y más trufado de grandes hallazgos expresivos.

Se puede leer en la Vida, en concreto en su trozo tercero, o en la antología Valdemar de literatura fantástica española.



Los señores que (ahora sabemos) motivaron "la insoportable confusión y tumultuosa angustia" a la que se enfrentó valientemente nuestro astrólogo, llegando al final a la conclusión de que "la solicitud necia de tan escondido portento (...) ya no era buscar desengaño, sino desesperaciones".
Grabado de otro gran dieciochesco, Francisco de Goya.

sábado, 26 de marzo de 2011

Más allá de la muerte



Escrito por Noel Clarasó (1899-1985). Es uno de los cuentos de su libro "¡Miedo!" (1948).

Extraordinario cuento de fantasmas, clásico y sencillo en la forma, y de profundas implicaciones para quien quiera leer entre líneas. No entraré en el meollo del asunto con típicas interpretaciones de psicologismo barato para no arruinar el placer lector de quien quiera hacerlo. Se puede encontrar, aparte de en el libro al que pertenece, en la ya mencionada muchas veces "Antología española de literatura fantástica" de la editorial Valdemar.

Clarasó, que cultivó el humorismo como Fernández Flórez, parece ser que nunca introdujo el humor en sus cuentos de lo sobrenatural. Para él, lo sobrenatural literario debe aspirar a sobrecoger. Fernández Flórez siguió ese consejo en algunos casos (por ejemplo los dos cuentos suyos que ya he comentado) pero otras veces mezcló el horror y el humor. El autor catalán que nos ocupa tiene una visión más clásica del asunto. Aunque hay que decir que aquí lo que predomina es el sentimiento de tragedia, de lo sobrenatural como vehículo de lo inevitable.

El relato ocurre, aparte de un par de escenas en Barcelona, principalmente en la localidad leridana de Salardú. Sin embargo Clarasó prescinde de cualquier localismo, de cualquier expresión en aranés por ejemplo, y se limita a algunas breves referencias geográficas a la zona pirenaica en cuestión: Beciberri, Artíes. Hay un afán de pureza expositiva, de atemporalidad. El relato es original y potente, a la altura de los grandes cultivadores anglosajones del género. Si todos los cuentos de "Miedo" tienen esta calidad, o similar, el libro del Sr. Clarasó merecería una redición.


Por estos escenarios pirenaicos, y en esa época de las postales sepias, ocurren los sobrecogedores acontecimientos del relato de Noel Clarasó.

viernes, 25 de marzo de 2011

Gaspar Blondin


Escrito por Juan Montalvo (1832-1889) en agosto de 1858, publicado en la revista El Cosmopolita, Quito, 1867, redactada integramente por el autor ecuatoriano.

Se puede leer aquí: http://www.utpa.edu/faculty/jmmartinez/Cuentos/cuemongaspar.pdf
El origen y circustancias del texto nos las enuncia así el propio Montalvo: "He vuelto al castellano este primer cuento de una serie que escribí en francés, en París, bajo el influjo de una larga calentura. Cosas compuestas en la cama por un delirante, deben tenerse antes por sueños." Reconozco que la primera vez que leí este relato no me impresionó favorablemente. Un batiburrillo bastante apretado de tópicos de la imaginación macraba, quizás influido por "los frenéticos" de la literatura francesa.

Posteriormente me ha parecido un texto muy interesante, con frases que parecen prefigurar el nihilismo cósmico de Thomas Ligotti, pero sumándole un romanticismo desaforado en una mezcla de lo más estimulante. Así: "¡Angélica de mi alma!, las estrellas no son sino asquerosos insectos que roen la bóveda celeste".

Creo que Montalvo hizo bien en conservar el estilo "afiebrado", confuso de la redacción original en el lecho de las alucinaciones. Da un poder especial a este relato en donde mucho se dice, pero más se intuye; un mundo de perversión en donde es la imaginación del lector quien tiende tenebrosos lazos entre los brumosos elementos de la historia.

Otro encanto adicional del relato es el uso de algún término del castellano de América, y en particular de Ecuador: tambo por posada, alojero (me imagino que tabernero, el que sirve o vende aloja). En cualquier caso, nada comparable al sufrimiento de leer "María" de Jorge Isaacs, con la plétora de expresiones propias del castellano de Colombia.

Dicen que es el primer relato de terror escrito en la literatura hispanoamericana. Mucho me parece decir eso, teniendo en cuenta que es de fecha relativamente tardía. Por de pronto tenemos el "Manuscrito encontrado en una casa de locos" escrito por el autor cubano José María de Heredia en 1832, que parece ser que es un cuento de horror. Sin embargo, siempre ha sido cuestión muy polémica la autoría de Heredia de estos cuentos, ya que algunos defienden que son traducciones, aunque no se han encontrado los supuestos textos originales.

lunes, 21 de marzo de 2011

Lanchitas



Escrito por José María Roa Barcena (1827-1908). Publicado en 1878 en el libro del mismo título. Leído en la "Antología crítica  del cuento hispanoamericano del siglo XIX" de José Miguel Oviedo, Alianza Editorial, Madrid 1989.

Se puede leer aquí:
www.utpa.edu/faculty/jmmartinez/Cuentos/cueroalanchitas.pdf

Se le llamó el Poe mexicano, porque cultivó los temas de misterio y suspenso.

"Lanchitas" es un relato de lo sobrenatural, que parece basarse en una leyenda urbana que corría por la ciudad de México.
Narrado con prosa muy elegante, con indiscutible maestría, narra el sucedido que va a transformar al cura protagonista, Lanzas, de sacerdote ilustrado a "pobre de espíritu" y por lo tanto bienaventurado, según los Evangelios.
Es un relato de curiosa novedad. Siendo un relato de supuesto aparecido con presunta intervención divina corría por tanto el peligro de convertirse en mera crónica milagrera, pero el jalapeño evita, con sobriedad y sentido del misterio cualquier atisbo del empalago propio de cierta literatura hagiográfica de la época. La certidumbre de lo sobrenatural la proporciona un detalle de exquisita simplicidad: el encuentro con un pañuelo abandonado.

Surge en segunda y tercera lecturas varias ambiguedades: una, en conexión con lo anterior; el ámbito del milagro presenta una extraña pátina de sordidez, y en el sudodicho pañuelo no se encuentran precisamente las rosas de Juan Diego y la Virgen de Guadalupe. Lo que hay es el polvo de los siglos y de la muerte, así como el tufo a estancia clausurada durante años. Consideremos también la supuesta potencia angélica que sirve de cicerone al Padre Lanzas, a la que se describe como "una vieja miserablemente vestida".  Roa Barcena, hombre creyente y conservador, supo sin embargo, como artista genuino que era, mostrar el mundo cerrado y axfisiante del catolicismo en su manifestaciones más lóbregas

 Otra ambigüedad es sobre el efecto que lo divino tiene en el protagonista. Hay la lectura, sin duda la explícita en el relato, de que  Lanzas se convierte en Lanchitas y abandona cualquier pretensión de conocimiento y se sumerge en la acción caritativa. Pero se podría entender, y ahí algún apunte en el texto, que el golpe de lo sobrenatural es tan brutal que lo reduce a un bondadoso estado de simpleza, cercana al retraso mental. Lanchitas salvaría el alma, que quizás iba por mal camino en su vida de cura ilustrado, relajado y jugador, pero a costa de mostrar, en su vida terrenal posterior, "la huella de la garra de Dios", como dijo Baudelaire.


La plaza del Zócalo, en los años veinte o treinta del siglo XIX, que es cuando Roa Barcenas ubica su historia.
Enfrente del palacio  se encuentra el mercado del Parián, demolido en 1843.

martes, 15 de marzo de 2011

Quien escucha su mal oye


Escrito por Juana Manuela Gorriti (1818-1896). Publicado en la colección de cuentos "Sueños y realidades" (1865). Subtitulado "Confidencia de una confidencia". Se puede leer en la red en su integridad, en Google Libros, "Fundadores del cuento fantástico hispanoamericano: antología comentada" de Oscar Hahn. Yo le he leído en "Antología del cuento hispanoamericano del Siglo XIX", selección de Jose Miguel Oviedo, en Alianza.

Hay relatos que no son obras maestras ni de composición ni de invención. Pero su misterio es tan intenso, su ambiguedad tan marcada, que actúan como un agujero negro espiritual, absorbiendo las obsesiones e inquietudes de lector, reordenandolas en un nuevo y sorpredente equilibrio, que no es que dé respuestas, pero suscita nuevas preguntas, más lejos todavía de toda certidumbre.

Es el caso de este relato de la Sra. Gorriti, a la que quizás habría que dar el título de abuela de la literatura fantástica argentina, si damos el título de padre a Lugones. No una gran prosista pero si una imaginación poderosa y original sería mi evaluación, con todas las prevenciones que tal consideración merece, habiendo leído uno solo de sus relatos.

Este cuento, en su brevedad, presenta la famosa "estructura Potocki" de cajas chinas: tenemos a una narradora en primera persona, acompañada de una misteriosa y fantasmal "bella Cristina" que aparece al final; tenemos al narrador masculino de la historia principal, revolucionario que aquí adquiere una posición pasiva y "voyeurista". Tenemos el relato del negro Juan, cuya relación con la trama principal queda al arbitrio interpretativo del lector y que algunos ignoran como un simple excurso narrativo, aunque José Miguel Oviedo opina que es lo que da carácter alucinatorio al relato. Tenemos el relato de todo lo que ocurre en la habitación de "la excéntrica" y tenemos el relato extraño y mágico en su brevedad que narra el vidente Samuel bajo la influencia mesmérica del personaje femenino...
Todo eso en unas pocas páginas, unificado por una intención oculta y misteriosa que nunca quedará clara, y que hay que suponer que era el subcosciente de la Sra. Gorriti.

En mi lectura, este relato trata sobre la literatura fantástica. El narrador voyeurista, con su agujerillo con el que se asoma a un mundo extraño, es el lector de lo fantástico, movido por historias y estímulos ascentrales (las canciones que se oyen, el relato del negro Juan). Lo que ve en la habitación de la excéntrica es el mundo de los relatos fantásticos, puesto que lo que atisba es una operación mediumnica (como todo gran relato de lo sobrenatural) y lo que oye un relato que ocurre en un barco (el mar, símbolo de lo incosciente colectivo y de la fuente de los mitos y los arquetipos). Lo que obtiene no es mayor sabiduría, sino una pasión arrebatadora por los sueños, simbolizada por su amor imposible. Sin embargo, hay en el conspirador algo sano y enérgico que le lleva a escapar a esta vida contemplativa de los fantasmas (llámese cinefilia, bibliofilia, internetfilia o lo que quieran) y hundirse de hoz y coz en la acción revolucionaria.

¿Quizás la primera obra maestra de una de las literaturas nacionales de lo fantástico más importantes? Sería cuestión digna de consideración.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La gabardina


Escrito por Max Aub (1903-1972). Publicado en su colección de relatos Ciertos cuentos, de 1955. Lo he leído en la Antología española de la literatura fantástica de la Editorial Valdemar.

Al poco de comenzar este relato vi que me volvía a enfrentar a esa historia de la mujer misteriosa que el protagonista encuentra en el baile, que parece ser parte del acervo mítico y macabro de muchas ciudades, y que en el caso de Madrid ya le diera elegante forma literaria Pedro de Répide (vease la tercera entrada de esta página, en el año 2010).

El relato de Don Pedro es superior en forma al de Aub. Sin embargo, este último supo dar un mayor calado humano a la historia. El argumento sobrenatural se conserva, pero es Arturo el protagonista sobre quien recae aquí el peso de la tragedia, de una tragedia más callada, en el fondo más triste que la historia original. Aub tejió sutilmente nuevos mimbres en la vieja leyenda urbana, hasta crear algo más humilde y cotidiano, que bien hubiera podido denominarse "la necrofilía del tímido". Como buen escritor de realismo psicológico Don Max nos proporciona suficientes antecedentes de la crianza de Arturo para entender mejor el melancólico culto que acaba siendo su vida.

Muchos, entre los que me encuentro, han creído en el origen madrileño de la historia, en  concreto en la supuesta experiencia de un diplomático extranjero en un baile de salón que tuvo lugar en la Villa y Corte, a mediados del XIX. Ahora bien, parece ser que una historia semejante existe en otras ciudades del mundo. Atribuirle su comienzo en Madrid sin más constataciones sería algo atrevido. Cuando lo que vemos aquí, en la historia de la mujer que está en el baile como si toda esa alegría ya no le perteneciera, creo yo que no es la creación de un mito a partir de un sucedido, sino un arquetipo,  un reverso irónico y macabro del motivo del "carpe diem", y finalmente un aviso a todos los bailarines, de diversas destrezas, sobre que algún día habrá un último vals, o incluso un último tango.

sábado, 5 de marzo de 2011

Televisión del pasado


Escrito por Francisco García Pavón (1919-1989). Publicado en 1967 en su libro de relatos "La guerra de los mil años".

Se puede encontrar también en la Antología de Literatura Fantástica española, en Valdemar. El escritor manchego, más conocido por sus novelas policiacas, se aproximó a una fantasía científica o futurista en este libro, eso si, anticipación "sui generis". El par de relatos que para mí son auténticamente buenos participan más del relato de fantasmas, aunque también muy particular. Sin embargo, al comenzar a leer este cuento, con su prosa funcional y seca y su premisa de inicio: la posibilidad de captar las imágenes del pasado, hacen presagiar que este es un relato de anticipación científica, como "Luz de otros días"  la novela sobre el mismo tema de Clarke y Baxter. Pero no hay tal cosa; la novela de los británicos se basaba en la física cuántica, el relato del manchego en una fantasía quijotesca de vuelta al pasado, en donde la retrotelevisión funciona como retablo de Maese Pedro, o tinglado que demuestra nuestra locura.
Luego, hacia el final del relato, la prosa se enriquece, se hace dúctil y bella, envolvente, sin llegar al barroquismo que deforma otros cuentos de García Pavón. Este cambio de estilo no es fortuito; cuando la retrotelevisión comienza a exhibir imágenes de tiempos pasados, la lengua literaria del cuento también adopta los viejos ritmos, recupera la fruición y el calor de la palabra. Esto me parece un gran hallazgo.

El relato no es sin embargo tan solo un ejercicio formal en literatura fantástica; es también una mirada asombrada al pasado, en donde se mantiene la tesis, que podrá parecer peregrina, pero que yo comparto, que los hombres de hace siglo y medio (un siglo cuando escribio este cuento Don Francisco) eran esencialmente distintos a nosotros en lo que podríamos llamar el ritmo, la plástica de sus movimientos, la armonía de sus gestos. En unos párrafos magistrales García Pavón describe un baile de la época romántica como quien describe arcanas ceremonias de civilizaciones perdidas o ignotos procederes extraterrestres.

El enigmático final parece sugerir que el desprecio que sentimos por el pasado, este nos lo devuelve. O nos lo devolvió,  puesto que quizás sea aquí más pertinente el preterito.

Otra obra maestra olvidada de poesía y enigma.

viernes, 4 de marzo de 2011

El amigo difunto



Escrito por Antonio de Torquemada (1507?-1569). Es un fragmento del libro "Jardín de flores curiosas" (Salmanca, 1570). Lo he leído en la "Antología española de literatura fantástica" de Alejo Martínez Martín, Editorial Valdemar.
Está disponible en la red, en la siguiente dirección:


Como la obra no está dividida en capítulos a la usanza moderna, simplemente teclear en el buscador del pdf  "Cumas" y en ese párrafo comienza el cuento.

El fragmento, como tal, no tiene título y el del amigo difunto es sin duda elección del antólogo de la edición Valdemar. Se le podría haber llamado perfectamente "fantasma sale del armario" o "lo siento, pero a mi me gustan las mujeres, y si me apuran, los seres vivos". Dentro de la tipología fantasmal, este ser frío que se desnuda, se introduce en la cama y pretende abrazar a su víctima, no deja de parecerme inusual. Parece expresar una clara intencionalidad sexual, para colmo de carácter homoerótico. A mi, hasta la referencia al pie del fantasma me parece sospechosa, una especie de simbolismo freudiano en que una parte del cuerpo sustituye a otra.



¿Señor Freud, señor Freud, cuantos símbolos fálicos hay en este grabado antiguo? Yo he contado multitud.

lunes, 28 de febrero de 2011

Beatriz


Escrito por Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), aparece recogido en su libro de relatos "Jardín Umbrío", en su versión de 1920, aunque ya había sido publicado en "El Cuento Decenal" (edición que aparece en la imagen de arriba) en 1913. Lo he leído en la edición que Espasa-Calpe hizo en su colección Austral en 1960 de estas "Historias de Santos, de almas en pena, de duendes y de ladrones".
Ocurre en una mansión solariega en algún lugar de Galicia, en momento indeterminado del siglo XIX posterior a 1839 y al abrazo de Vergara. Pero hay que decir que ubicaciones espacial y temporal están estilizadas de manera exquisita por un Valle-Inclán al que no hay más remedio que endilgar el topicazo de "orfebre del idioma", porque le va que ni pintiparado a esa prosa sensorial, melodiosa y rica de lenguaje, que en este cuento, no lo es tanto como para hacer de la lectura un martirio como sucede en obras posteriores del autor gallego; por el contrario aquí es un placer y toda esta riqueza de la lengua valleinclanesca no impide un eficaz decurso narrativo.

La historia en si no es original, pero la intensidad de sensaciones, no puramente estéticas, sino también de piedad por la Beatriz protagonista, que tiene algo de muchacha sufriente de folletín sublimada por una prosa de muchos quilates, así como por la presencia del mal en todos los recovecos del cuento, la salvan de la vulgaridad y la hacen más que digna a mi entender de pasar a esta antología.

Me va pareciendo que Galicia como patria de escritores de lo fantástico y escenario de historias imaginarias admite poca competencia de otras regiones de España; esos arcanos rituales, bailes, músicas y mitos de probable origen celta, conservados quizás por la fuerza de su belleza por una población que es tan mediterranea en términos genéticos (y genéricos) como pueda ser la de Cádiz o Murcia han creado un sustrato en el que crecieron las fantasías de Valle-Inclán, Fernández Flórez y también la de Pardo Bazán, Rosalía de Castro, Cunqueiro, Rafael Dieste, Ánxel Fole y Torrente Ballester. Muchos, muchos autores que han tocado la literatura fantástica en una u otra de las dos lenguas del país.
Ahora bien, la saludadora que aparece en este cuento, no parece una institución exclusivamente gallega, y parece que con en ese término se designaba en toda España a los dadores de salud, curandores dotados de poderes extraordinarios y que en muchos casos fueron tolerados por la Santa Inquisición.  En otro relato de ambiente gallego, "Un destripador de antaño" de Emilia Pardo Bazán, se contempla la figura del "saludador" desde el escepticismo; aquí no, el cuento se adentra de hoz y coz en el mundo brumoso donde lo sobrenatural es posible.



viernes, 25 de febrero de 2011

Fantasmas en La Isabela


Escrito por Bartolomé de las Casas (1484-1566) e incluído en su "Historia de las Indias" redactada a lo largo de la primera mitad del siglo XVI.  De nuevo debo al Sr. Tola de Habich el conocimiento de esta historia.
Para leerla en las propias palabras del dominico: http://tola-tola.blogspot.com/search/label/Caribe%20%281%29

Voy viendo que la prosa de los cronistas de la conquista de América tiende a la sequedad del esparto; este estilo, en combinación con el tema fantástico de estos breves relatos produce una curiosa tensión, para nuestro gusto moderno, entre lo que se narra y la sobriedad con que se hace. Debemos sin duda convocar a nuestra imaginación para crear un escenario de mayor detalle para lo narrado.
El momento histórico es cuando ya hay colonos en La Española, pero el primer asentamiento con vocación de permanencia que se hizo, La Isabela, ha quedado abandonado, ante lo insalubre de la vida allí. Quizás finales del XV o principios del XVI.
Para imaginar esta pequeña ciudad fantasma en medio de la lujuriante vegetación tropical, que mejor que recurrir a la misma obra. He aquí como Las Casas describe La isabela:
 La mejor de todas ellas –ciudades recientes del Nuevo Mundo– fue La Isabela, porque fue de piedra o cantería, (...) casa para los bastimientos y municiones de la armada e Iglesia y Hospital y para su morada -Cristóbal Colón- una casa fuerte, según se pudo hacer; y repartió solares, oredenando sus calles y plaza, y avecindáronse las personas principales, y manda que cada uno haga su casa como mejor pudiere; las casa públicas se hicieron de piedra, las demás cada uno hacía de madera y paja, y como hacerse podía".
Es ahí, en las calles que poco a poco van perdiendo su forma ante el empuje de la selva primordial, y hozan los cerdos cimarrones, donde se va a producir el extraño encuentro y su final, casi humorístico para nosotros, descreidos y caídos en el cinismo a fuerza de experiencias literarias y cinematográficas.
Esta historia prueba que en las naos y carabelas de Colón no solo viajaron los seres vivos; hombres, ganado y caballerizas, sino también los fantasmas del viejo mundo, no se si en las bodegas o en la punta de los mástiles como fuego de San Telmo; quizás tan solo en el alma de los viajeros.

martes, 22 de febrero de 2011

La fantasma


Escrito en torno a 1558 por Francisco Cervantes de Salazar (1514-1575). Se incluye en su "Crónica de la Nueva España", en el capítulo V del Libro VI. Se presenta con todas las trazas, al menos formales, de lo verídico: un capítulo más en una crónica histórica.

En mi ignorancia creía que "La posada del mal hospedaje", ese fragmento espectacular de la novela "El peregrino en su patria" (1604) de Lope de Vega era el primer cuento de fantasmas de la literatura en lengua castellana. Como era de esperar no es así. La erudición del estudioso y experto en literatura mexicana, el peruano Fernando Tola de Habich, expuesta en su bitácora "Mi trato con los fantasmas" me ha sacado de mi error, aparte de proporcionarme el placer de enfrentarme a un texto bello y sugerente. Vaya en mi disculpa que el libro de la "Crónica de la Nueva España" es un texto conocido tan solo por los estudiosos. Aunque como ni siquiera he leído a Bernal Díaz del Castillo, tal disculpa suene a hueco.
El relato, en su sencillez, me parece muy hermoso. Un español, encerrado en una fortaleza en Francia a la espera de que se pague un rescate enorme por él (pues los franceses, comprensiblemente, han tomado el oro azteca que había en su barco como fortuna personal) va a recibir unas curiosas visitas en su celda.
Como todo gran cuento de lo fantástico, su capacidad de sugerencia es grande. Quizás nos cuenta que el amor debe ser secreto. Quizás refiere al "polvo enamorado" del que hablaba Quevedo. A un deseo que no muere, no a un hombre en concreto, sino al hombre en general, al principio masculino. Cuatro siglos y medio han pasado desde que se escribió este texto, y nos llega con un pefume levísimo, y por eso mismo más fascinador. Hasta la sensación que produce es, en si, fantasmal, rastro tan solo de miedos más intensos.

Esta excelente página es un remanso de erudición entre tanto "amateurismo", incluyendo el mío propio.

Ilustración: retrato de Francisco Cervantes de Salazar, por José de Bustos. Obra de la segunda mitad del siglo XVIII que se supone copia de uno anterior, quizás este si contemporáneo del escritor.

lunes, 21 de febrero de 2011

La mujer fría


Escrito por Carmen de Burgos (1867-1932) en 1922. Publicado en "La novela semanal".
Gran relato, creo yo que de originalidad profunda. Una misteriosa mujer, de belleza singular, causa sensación en la clase alta madrileña. ¿Cúal es el misterio de Blanca que la lleva a rehuir la vida de sociedad y refugiarse en su palacete de la Castellana, en compañía de sus perrillos (tan blancos como ella) y con la sola amistad del solterón Don Marcelo? Blanca parece, por sus palabras, una mujer buena y sensata, y sin embargo, nos recuerda, en miniatura, la inmensa figura blanca que aparece en el enigmático final del Arthur Gordom Pym.

Carmen de Burgos fue, aparte de una excelente escritora de cuentos fantásticos, (aunque este fuera el único ya entraría en mi panteón personal, pero creo recordar que tiene alguno más, y que debo localizar) una feminista combativa. Hay por ende interpretaciones feministas de este relato, pero también se puede ejercitar sobre esta narración, en su enorme de capacidad de sugerencia, las buenas o malas artes del psicoanálisis, existencialismo, marxismo u otros grimorios hermeneúticos en los que uno tenga a bien creer.
Lo importante aquí es su capacidad de sugerir horror y tristeza. La otra mujer, "La mujer alta" da más miedo, pero este da más pena. Es en definitiva la historia de un amor trágico.

Es un relato muy madrileño, como ya hay varios en mi página. De verdad que no me dejo llevar de ningún provincialismo (también hay un provincialismo capitalino); es que evidentemente los escritores del siglo XIX y principios del XX usaron en sus cuentos fantásticos Madrid en mucha mayor medida que otras ciudades españolas. Contiene una larga excursión en coche de caballos desde la Castellana al monte del Pardo, con interesantes apuntes como la ubicación de Moncloa "en pleno campo".

Refinados diálogos, un ojo realmente femenino para el detalle, pulso narrativo y prosa elegante y eficaz. Es quizás, junto al también extraordinario "El claro del bosque" uno de los pocos relatos que hay por ahora en esta página en que se hable de Eros y Tánatos con tanto misterio, con tanta piedad.

Lo he leído en "Mis mejores cuentos", selección que realizó la propia escritora almeriense rebuscando en el medio centenar de historias de su autoría. En mi caso la edición es la de Editoriales Andaluzas Unidas, Sevilla, en 1986. También lo contiene la antología de relatos de la autora así llamada: "La mujer fría" publicada por el Círculo de Lectores.

lunes, 14 de febrero de 2011

Mal de ojo



El último de los cinco relatos de José Selgás (1822-1882) contenidos en su libro "Escenas fantásticas" (1876) me parece de calidad más que suficiente para incluirlo en "Sueños olvidados". Quede claro que el individuo de arriba no es el escritor murciano sino una afortunada e inquietante ilustración de una de esas miradas que parecen condensar el odio y la malevolencia. Selgás era el noble caballero con cuya efigie ilustre el comentario al cuento "Día aciago".
"Mal de ojo" no es tan original como "Día aciago", pero su perfección formal le da una intensidad muy especial. Es un relato cruel, que como es habitual en nuestro escritor es un triunfo en observación psicológica (aunque sea de almas sencillas, aquí no hay complejidades dostoyevskianas) y de exquisito oído para el diálogo, admitiendo en este difícil aspecto de la naturalidad dialoguistica comparaciones con Fernán Caballero.
Tan inspirado estaba Selgás cuando escribió su relato que hasta su habitual  prolegómeno ensayístico es quizás uno de los más poéticos. Consiste en una crónica irónica sobre la superstición de los ópalos como agentes de las desgracias y las muertes, que se propagó por entonces entre muchas damas adineradas. Parece ser que fue tal su auge que llevó a la devolución en las joyerías de muchas de dichas piedras, una vez que la propietaria se contagiaba de la nueva superstición.
El relato en si admite la doble lectura fantástica o realista, muy en la línea de las grandes obras del siglo XIX, como la maravillosa "La Venus de Ille", de Próspero Merimee, que he leído recientemente. O mejor dicho, prevalece la lectura fantástica, dejando un breve resquicio, muy estrecho en verdad, para la explicación racional, quizás no tan angosto en el caso de "Mal de ojo".
Al final el horror proviene no tanto de la existencia de lo sobrenatural como de la realidad casi palpable de la envidia y de su hijo natural el odio, en densidades tales que oscurecen la mirada, deforman las sombras, acogotan las gargantas.
Otro gran cuento olvidado, cuya edición más reciente quizás sea  en la revista "Dossier del terror", número 6, Ediciones Dalmau,  Barcelona 1986.
Las protagonistas viven en Madrid o cercanías, como demuestra una referencia pasajera a su asistencia al Circo Rivas o al Price. Pero no es una narración de ambiente madrileño, porque lo que aquí tenemos es un relato de interiores, casero, femenino, de conversaciones entre balcones y  "soirees" tan del gusto de la época al contrario que la obra maestra de Selgás, "Día aciago", relato que ocurría no solo en casas, sino en teatros, coches de caballos y extrañas calles solitarias. En "Mal de ojo" la inmovilidad, el marasmo producido por la envidia puede ser leído como reflexión simbólica sobre los efectos paralizantes de este pecado capital en la vida nacional.

domingo, 13 de febrero de 2011

El claro del bosque



Escrita por Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964). Es parte de su libro Tragedias de la vida vulgar (1922) reditado por ediciones 98 el año pasado.
Es un conjunto de cuentos predominantemente realistas, pero contiene dos relatos subtitulados "Historia de pesadilla".  "La fría mano del misterio" ya lo comenté, este que nos ocupa es incluso mejor.
Su origen onírico, al que apunta el Sr. Fernández Flórez con el mencionado subtitulo me parece muy probable. No es un mero ejercicio surrealista, como lo es por ejemplo "Noche de carnaval" de Ros de Olano; aquí hay una lógica, una inevitabilidad operando por debajo de los insólitos acontecimientos, pero es una lógica que no es de este mundo, sino del que existe al otro lado de las puertas de marfil y cuerno. Otra prueba, de índole mágica, sobre el origen onírico del cuento es lo que podríamos llamar su gran disposición a abandonar la página escrita y volver a convertirse en sueño, como un compuesto inestable que tendiera a volver al estado gaseoso de las ensoñaciones. La misma noche que lo leí, vi en mis sueños la casa en el calvero del bosque, la casa de Ricardo Mans donde busca refugio el peregrino hacia Santiago que narra la historia. Pero si en el relato la casa de Mans es un lugar inquietante y peligroso en mi sueño la miraba con deseo y añoranza. Y no era traicionar el sentido de la historia, sino que mi yo durmiente desea no despertar, y así, en el ámbito subcosciente me voy acostumbrando a la idea de la muerte. En ese sentido la casa de Ricardo Mans es la muerte, o el sueño como antesala de la muerte.
Un relato extraordinario sobre él que se podría estar elucubrando mucho tiempo. Pero es mejor soñarlo, porque es cuando revela su verdad más íntima. Don Wenceslao no era solo un fino humorista y un prosista puro y castizo, sino que tenía una vena visionaria de lo más convincente. Por lo que se puede ver en las dos "Historias de pesadilla", el autor no desdeñaba recurrir a los grandes arquetipos del terror, el vámpiro y el fantasma y ubicarlos en espacios de inquietantes atmósferas soñadas más que en ámbitos realistas, que es el procedimiento tradicional de Bram Stoker y M.R. James. Pero en este relato el carácter soñado del vampiro no es ningún alivio pues el narrador también sueña, y en el sueño es vulnerable, y el escenario onírico se revela como un infierno en donde no es posible saciar el deseo pero si perder la sangre. Uno de los grandes cuentos españoles de lo sobrenatural.

domingo, 23 de enero de 2011

Dia aciago

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Relato largo de José Selgas (1822-1882) incluido en su libro Escenas fantásticas, publicado en 1876. Es en esta vetusta edición donde lo he leído, aunque hay otras más modernas, por ejemplo una de 1930, bajo el título "La mariposa blanca".
Este cuento tiene un fuerte elemento ensayístico sobre dos temas: como la alegría superficial de la sociedad madrileña de la restauración contrasta con una corriente subterránea de sufrimiento; y otro tema, que es el martes como día aciago. Selgas va a trenzar ambos temas con pericia en un drama de lo sobrenatural que va a afectar a uno de esos personajes que el autor murciano, puritano en el fondo, detesta: superficialmente incrédulo y volteriano, seductor, incapaz de ideas y sentimientos profundos.
Cuando el relato abandona el tono ensayístico y se mete en faena narrativa nos sorprende con un relato de indudable intensidad, original y ambiguo. Los elementos sobrenaturales son evidentes y sin embargo, parecen encaminados a la construcción de un drama burgués. Esta utilización de lo sobrenatural para lanzar al protagonista al drama de lo cotidiano me parece algo extraordinario, aunque tengo que reconocer que en un primer momento el final me pareció un anticlimax. Fue luego, en segunda lectura, cuando me di cuenta de su originalidad y capacidad de sugerencia.
Los ambientes, otro fuerte de Selgas, son de gran atmósfera: la excelente escena del palco, la misteriosa boda...
¿Y el té? ¿El té que bebe la dama misteriosa? La infusión parece apuntar a una realidad aún más horrible que la explícita, salvo que el té sea una pista falsa o un motivo para un chiste inane de la buena señora: "no puedo estar sin té ni sin tí". No, aquí Selgás usa con habilidad la técnica de la sugerencia más sutil para que sea nuestro miedo quien llene la taza de marras.
Si un relato de la calidad de "La mujer alta" me vale como ideal de perfección del cuento de terror sobrenatural en español no cabe duda de que este gran cuento, quizás no tan perfecto ni de horror tan subido, pero también original, intenso y pletórico de implicaciones, merecería alguna atención y por supuesto redición.

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