miércoles, 5 de octubre de 2011

Las islas nuevas



Escrito por Maria Luisa Bombal (1910-1980).  Publicado en la legendaria revista bonaerense "Sur" en el año 1939. La escritora chilena lo incluiría en su libro "La última niebla" (1941). Lo he leído en el volumen "La última niebla. La amortajada" editado por Seix Barral en 1984.


La presente narración es un cúmulo de misterios encerrados en un mundo incomprensible que es el nuestro. Islas que surgen en lagunas, amores y deseos que vienen más allá del tiempo. Niños que son poetas sin saberlo, mujeres que guardan rasgos y estigmas de cuando eran libélulas en el carbonifero. Medusas en aguas fluviales, amores que no envejecen porque jamás se consuman.



Un tren que se oye en la noche desde que sale de la localidad de Lobos, en la provincia de Buenos Aires, pero que tardará, en la planicie perfecta y silenciosa de la pampa, media hora en alcanzar al oyente de su runrún. Este último dato, que imaginó perfectamente verídico, me parece tan inusitado como las fantasías que la escritora vierte, con el orden exquisito de su delirio, una tras otra.



La estación de tren de la ciudad de Lobos, que tiene aspecto de no haber sido alterada desde los años treinta del pasado siglo.


Pues así es el mundo de Maria Luisa Bombal: todo se coloca en el mismo plano brumoso; los milagros de un mundo donde subsiste esa magia arcaica que es el amor, y que el varón parece haber olvidado, pero también los prodigios poéticos que nacen de los avances técnicos, como una llamada telefónica que viaja a través de suburbios porteños, llanuras y poblaciones provinciales hasta llegar a una habitación oscura y estanciera en donde reside una posibilidad de felicidad para el que llama, quizás la única. Pero ¿son los hombres capaces de compartir su vida con una libélula del carbonífero, enorme, aleteante, trémula, bañada por la luna del pasado, que como es sabido, oculta simultaneamente sus dos caras? Demasiadas incertidumbres, tal vez demasiada belleza para el orgullo varonil.




"Mira, la verdad es que Islas Nuevas es un cuento que surgió de manera misteriosa. Cuando yo vivía en la Argentina, yo siempre visitaba esa estancia, La Atalaya, se llamaba, allá en la Pampa, y allí era testigo de un hecho maravilloso. En la estancia había muchas lagunas y misteriosamente el agua descendía y aparecían todas esas islas nuevas que después desaparecían también misteriosamente. Era sobrecogedor y este hecho maravilloso y sobrecogedor me inspiró para imaginar a una mujer que era tan misteriosa como esa naturaleza que los hombres no comprenden ni quieren comprender. Yolanda ¡pobrecita!"

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