martes, 15 de marzo de 2011

Quien escucha su mal oye


Escrito por Juana Manuela Gorriti (1818-1896). Publicado en la colección de cuentos "Sueños y realidades" (1865). Subtitulado "Confidencia de una confidencia". Se puede leer en la red en su integridad, en Google Libros, "Fundadores del cuento fantástico hispanoamericano: antología comentada" de Oscar Hahn. Yo le he leído en "Antología del cuento hispanoamericano del Siglo XIX", selección de Jose Miguel Oviedo, en Alianza.

Hay relatos que no son obras maestras ni de composición ni de invención. Pero su misterio es tan intenso, su ambiguedad tan marcada, que actúan como un agujero negro espiritual, absorbiendo las obsesiones e inquietudes de lector, reordenandolas en un nuevo y sorpredente equilibrio, que no es que dé respuestas, pero suscita nuevas preguntas, más lejos todavía de toda certidumbre.

Es el caso de este relato de la Sra. Gorriti, a la que quizás habría que dar el título de abuela de la literatura fantástica argentina, si damos el título de padre a Lugones. No una gran prosista pero si una imaginación poderosa y original sería mi evaluación, con todas las prevenciones que tal consideración merece, habiendo leído uno solo de sus relatos.

Este cuento, en su brevedad, presenta la famosa "estructura Potocki" de cajas chinas: tenemos a una narradora en primera persona, acompañada de una misteriosa y fantasmal "bella Cristina" que aparece al final; tenemos al narrador masculino de la historia principal, revolucionario que aquí adquiere una posición pasiva y "voyeurista". Tenemos el relato del negro Juan, cuya relación con la trama principal queda al arbitrio interpretativo del lector y que algunos ignoran como un simple excurso narrativo, aunque José Miguel Oviedo opina que es lo que da carácter alucinatorio al relato. Tenemos el relato de todo lo que ocurre en la habitación de "la excéntrica" y tenemos el relato extraño y mágico en su brevedad que narra el vidente Samuel bajo la influencia mesmérica del personaje femenino...
Todo eso en unas pocas páginas, unificado por una intención oculta y misteriosa que nunca quedará clara, y que hay que suponer que era el subcosciente de la Sra. Gorriti.

En mi lectura, este relato trata sobre la literatura fantástica. El narrador voyeurista, con su agujerillo con el que se asoma a un mundo extraño, es el lector de lo fantástico, movido por historias y estímulos ascentrales (las canciones que se oyen, el relato del negro Juan). Lo que ve en la habitación de la excéntrica es el mundo de los relatos fantásticos, puesto que lo que atisba es una operación mediumnica (como todo gran relato de lo sobrenatural) y lo que oye un relato que ocurre en un barco (el mar, símbolo de lo incosciente colectivo y de la fuente de los mitos y los arquetipos). Lo que obtiene no es mayor sabiduría, sino una pasión arrebatadora por los sueños, simbolizada por su amor imposible. Sin embargo, hay en el conspirador algo sano y enérgico que le lleva a escapar a esta vida contemplativa de los fantasmas (llámese cinefilia, bibliofilia, internetfilia o lo que quieran) y hundirse de hoz y coz en la acción revolucionaria.

¿Quizás la primera obra maestra de una de las literaturas nacionales de lo fantástico más importantes? Sería cuestión digna de consideración.

3 comentarios:

José Luis Arista dijo...

"Quien escucha su mal oye", un texto interesante, más que por su efecto estético, por la intriga de saber cómo está construido. Esto último es lo que más puedo valorar del relato.

Manuel Torcuato dijo...

Veo que no comparte usted mi entusiasmo por este cuento. Sin embargo si que estoy de acuerdo en que la estructura del relato, como he intentado poner de manifiesto en mi reseña es asaz intrigante.

Manuel Torcuato dijo...

Ah y gracias por pasarse por aquí.

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